Martes 10 de Septiembre de 2019

Si se logra mantener un estado mental sereno y pacífico, se puede ser una persona feliz aunque se tenga una salud deficiente. Dalai Lama.

 Terapia Zen. David Brazier:

Buda señala que el primer paso hacia la paz mental consiste en librarnos de todos los problemas que les causan a nuestras cabezas muchas cosas que en realidad no están sucediendo.

El objeto particular que distorsiona todas las demás percepciones, ese objeto central somos nosotros mismos.

El budismo afirma que el yo en cuanto precepto no es algo que podamos percibir directamente. Ese yo no puede encontrarse… en la psicología budista, por tanto, el yo es un objeto irreal que tiende a dominar nuestra percepción y a distorsionar nuestra relación con el mundo.

… Una gran división del universo en dos mitades [yo y no yo o mundo] es efectuada por cada uno de nosotros; y para cada uno de nosotros casi todo el interés se pone en una de las dos mitades; pero todos trazamos la línea divisoria entre ambas en un lugar diferente.  Cuando diga que todos damos los mismos nombres a las dos mitades, y que esos nombres son ‘yo’ y ‘no-yo’  se verá de inmediato lo que quiero decir. William James. El Zen y todo el Budismos, es un intento de restañar esa ‘gran división del universo’ para revelar su naturaleza engañosa y restaurar nuestra unidad cósmica original, y eso no sólo como una parte más de conocimiento académico sino como una realidad experimentada.

El engaño del yo es, de hecho, la piedra fundacional de toda la casa de avidya (ignorancia) caer en la cuenta del no-yo es caer en la cuenta de la naturaleza de Buda: nuestra identidad con el universo.

Mientras me tenga a mí mismo como la estrella más importante de mi firmamento, todo lo que perciba quedará distorsionado porque todo será percibido en términos de categorías de estilo de ‘me sirve a mí’, ‘no me sirve’, ‘me resulta agradable’, ‘me es desagradable’, etc.

El Budismo proporciona muchas técnicas para desengancharnos del apego a la autoconstrucción. Estas, por lo general, consisten  en poner objetos en nuestra mente que nos aparten del apego que sentimos hacia nosotros mismos. Así, hay meditaciones sobre el yo como un agregado en lugar de una unidad; sobre la descomposición del cuerpo; sobre nuestra unidad con el cosmos; y sobre la atención a los demás.  Todas estas prácticas persiguen aprovechar el hecho de que los estados mentales están determinados por sus objetos.

Una meditación sobre la disolución del cuerpo físico. Cada paso de la meditación ocupa aproximadamente el tiempo de diez respiraciones. La orientación puede ser leída en voz alta por un miembro del grupo de meditación:

  • Inspirando y espirando, me doy cuenta de mi cuerpo, cálido y vivo.

  • Ahora imagino mi cuerpo como un cadáver, muerto y frío.

  • Ahora imagino mi cuerpo lleno de gusanos.

  • Ahora imagino la carne cayéndose a pedazos. Queda expuesto el esqueleto.

  • Veo mi esqueleto quedándose blanco, sin nada de carne.

  • Vemos mis huesos separándose y esparcidos.

  • Veo mis huesos deshaciéndose en polvo que arrastra el viento.

  • Veo el polvo convirtiéndose en parte de la tierra y del mar.

  • Me doy cuenta de que mi cuerpo ha desaparecido por completo.

  • Sabiendo que todo es impermanente, sonrío.

Las primeras veces, esta meditación puede evocar sensaciones desagradables. Sin embargo, se usan frecuentemente algunas variaciones de la misma entre los budistas para ayudarles a verse libres del apego al cuerpo y del miedo a la muerte. Si se hace con frecuencia, se aprende a recorrer esas fases sin tener que pensar en las instrucciones.

Una persona que llegue a dominar el arte de transformar las circunstancias desagradables en bendiciones ha conquistado el secreto del contento.

Cuando podemos sintonizar con toda nuestra atención y cariño con lo que el cliente trata de expresar y en el momento en que somos capaces de apreciar el intercambio delicado entre los ‘objetos’ de la percepción y la ‘sensación-sentida’ a la que da lugar la percepción, entonces nuestra subjetividad entera comienza a resonar con el cliente.

Las imágenes del yo, según la psicología budista, son las claves que determinan las formas en que la percepción llega a distorsionarse y el modo en que se genera el sufrimiento. Todos tenemos una reserva considerable de imágenes de nosotros mismos. Podemos representarnos innumerables dramas internos ante el ojo de la mente y a cada uno de ellos le acompaña un conjunto diferente de emociones y comportamientos, una forma diferente de ajustarse a la vida. Con el discurrir del día, nos proyectamos diferentes películas de las que somos protagonistas y las múltiples imágenes que desfilan ante nosotros marcan el compás de nuestro ánimo y de nuestra confianza, que atraviesan muy diversas transformaciones. Tales películas obscurecen la realidad. La terapia en ocasiones se ocupa de cambiar la película, otras veces de abandonarla por completo.

El maestro zen Dogen defendía la postura de que habríamos de olvidar nuestro yo egoísta temporalmente y dejar que nuestras mentes fueran naturales.

Diez puntos de la teoría budista de las relaciones de objeto:

  • Las sensaciones (y otros estados) son condicionadas por la percepción.

  • Determinar el objeto de la percepción nos ayuda a comprender el estado interno.

  • Amplificar el objeto, por ejemplo, mediante la dramatización o el lenguaje vívido, intensifica la experiencia.

  • Reproducir las condiciones del cliente usando nuestra propia imaginación genera empatía.

  • La claridad se hace mayor al discriminar diferentes objetos que se solapan entre sí.

  • Se puede obtener beneficio terapéutico al sustituir un objeto maligno por otro benéfico.

  • El apego a los objetos consolida algunos aspectos del complejo que constituye el yo.

  • Soltar el apego a objetos particulares ayuda a desprenderse del apego al yo.

  • Centrar la atención en objetos que están presentes de forma real e inmediata, tales como la respiración, o una flor, ayuda a la mente a regresar a su verdadero hogar y permite apagar la pasión por uno mismo.

  • Los objetos de la naturaleza (montañas, ríos, las nubes, el mar, etc.) son terapéuticos de forma natural.

Necesitamos hacer algo con las malas hierbas que crecen en nuestro jardín [analogía con la mente], pero también hemos de regar las buenas simientes.

En la mente no cultivada, el predomino está determinado por la ilusión del yo y de los kleshas (condicionamientos). Sin embargo, los auténticos elementos predominantes son la intención, la energía, la atención y la indagación. Estos, a los que en su conjunto denominamos ‘la determinación en el momento’, tienen el poder de eliminar las raíces perniciosas.

La determinación, en su acepción zen, no es sinónimo de apegarse a una meta. Significa más bien estar dispuestos a responder, de una forma íntegra, a lo que la realidad solicite de nosotros.

En la terapia… el hecho de que el sentido de propósito de un cliente se haga manifiesto resulta un enorme avance.

TERAPIA MORITA (terapia basada en la filosofía oriental):

  • Enfoque japonés que incorpora muchos elementos del Zen. No persigue eliminar los síntomas que perturban al cliente. Si finalidad estriba en ayudar a que los clientes vivan bien a pesar de tales síntomas. ‘La meta de la terapia es ayudar a los clientes a alcanzar un control satisfactorio sobre lo que hacen en la vida (…), el crecimiento del carácter antes que la reducción del síntoma (…) y en la misma medida en que los clientes van asumiendo el control apropiado sobre su comportamiento y atienden a lo que la realidad requiere que hagan y lo hacen bien, su sufrimiento y sus quejas disminuyen. La terapia es una mezcla de educación y autoentrenamiento, de meditación y de acción. El cliente se compromete en una línea de autoestudio bajo la guía del terapeuta que se centra en los detalles concretos y prácticos de la vida cotidiana… la vida, desde el punto de vista de la terapia Morita, se vive momento a momento. Así es como se nos presenta la realidad. Los problemas y las emociones asociados a la victimización son preocupaciones presentes para las víctimas sólo cuando éstas se dan cuenta de ellas en un momento dado. Hay un vaivén y un fluir de emociones.  No hay un depósito que almacene la ira, el miedo o la ansiedad, que las encierre o las esconda en el interior.  No hay personas airadas, miedosas o ansiosas, tan sólo personas que tienen momentos de rabia, de miedo, de ansiedad (…). Uno de los fines (…) es ayudar a las víctimas a que hagan de verdad lo que tengan que hacer con su vida antes que dedicarse exclusivamente a centrarse en cómo se encuentra.

  • Morita ayuda a que las personas mejoren su vida imprimiendo mayor calidad a cada pequeña cosa que hagan, asumiendo las actividades con determinación y buen ánimo.

La terapia Morita participa inequívocamente del sabor zen al hacer lo siguiente:

  • Ayudar a que los clientes presten atención a la cualidad de las acciones cotidianas más normales.

  • Enfatizar el valor del servicio a los demás.

  • No estar centrada de manera prioritaria en cómo se siente uno.

  • Valorar la tranquilidad.

  • No aceptar una mentalidad de victimismo.

  • Poner al cliente en situaciones en las que la oportunidad de aprendizaje experiencia se vea maximizada. La terapia no necesariamente ha de tener lugar en una clínica o en una consulta. El terapeuta puede dar un paseo con el cliente, o ambos pueden quedar en un restaurante o el terapeuta puede unirse al cliente en alguna de sus actividades para así tener la oportunidad de observar cómo atiende los detalles de la vida cotidiana.

Buscad el Camino con toda diligencia. Últimas palabras de Buda antes de morir.

Teoría del predominio: aunque tengamos la impresión de que estamos a expensas de factores que están más allá de nuestro control, las cosas más importantes de la vida son controlables. Podemos encarar la vida de una forma íntegra. El universo responderá.

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