¿Cuál es el origen del deseo?

Origen deseo

Pregunta: ¿cuál es el origen del deseo? Krishnamurti: la percepción, el contacto, la sensación, la necesidad y la identificación causan el deseo. El origen del deseo es la sensación, tanto en sus formas inferiores como en las superiores (14).

¿Cuál es el origen del deseo? En esto debemos ser muy veraces, muy honestos, porque el deseo es sumamente engañoso, es muy sutil a menos que lo comprendamos en su misma raíz. Para todos nosotros son importantes las respuestas sensoriales -vista, tacto, gusto, olfato, oído. Y una respuesta sensorial particular puede ser para algunos más importante que las otras respuestas. Si somos artistas, vemos las cosas de un modo especial. Si uno se ha adiestrado como ingeniero, entonces las repuestas sensoriales son diferentes. Por lo tanto, nunca observamos totalmente, con todas las respuestas sensoriales. Cada uno de nosotros responde en cierto modo específicamente, dividido. ¿Es posible que respondamos de manera total, con todos nuestros sentidos? Vean la importancia de ello. Si uno responde totalmente, con todos sus sentidos, tiene lugar la eliminación del observador centralizado [el Yo]. Pero cuando uno responde de un modo específico a una cosa particular, entonces comienza la división [entre el que piensa –el yo- y lo pensado o el pensamiento] (74).

Usted ve un jarrón hermoso, una bella escultura, una estatua preciosa, del Antiguo Egipto o griega, y la mira. Conforme la mira, si le permiten tocarla, la toca. Vea la intensidad de esa figura sentada en una silla o con las piernas cruzadas. De eso resulta una sensación. ‘¡Qué cosa tan maravillosa!’. Y partiendo de esa sensación, el deseo dice: ‘ojalá la tuviera en mi cuarto. Ojalá pudiera contemplarla, tocarla todos los días’. Aparece el orgullo de la posesión, de tener una cosa tan maravillosa. Eso es deseo. Ver, contacto, sensación; luego el pensamiento utiliza esa sensación para cultivar el deseo de poseer o de no poseer (25).

La realización y la autoimportancia en el nombre del propio país o de un partido, o en virtud de alguna creencia gratificadora, son escapes del hecho de la propia nada, de la vacuidad y soledad de nuestras actividades autoaislantes. Las necesidades internas, que parecen no tener fin, se multiplican, cambian y continúan. Éste es el origen, la fuente del contradictorio y abrasador deseo (48).

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