La Identidad en J.Krishnamurti – Primera parte

la identidad J Krishnamurti - primera parte

Vida: nació el 12 de mayo de 1895 en Madanapalle, India. Fue preparado por la Sociedad Teosófica para ser ‘el instructor del mundo’. En 1929 declaró que su propósito en la vida era ‘liberar al hombre’.

Muerte: el 17 de febrero de 1986, diez minutos después de la medianoche, hora del Pacífico, mientras dormía. Tenía cerca de 91 años. Murió en la Cabaña de los Pinos, en Ojai, California, donde había estado mortalmente enfermo de cáncer de páncreas. Murió en la habitación que da frente al pimentero, bajo el cual, hacía sesenta y cuatro años, había experimentado inmensas transformaciones de conciencia.

ENSEÑANZA HOLÍSTICA: según Krishnamurti tenemos una idea formada de que la plenitud, la totalidad, puede ser comprendida o realizada por medio de una parte. Cada uno viene con su problema particular, procurando una solución para ese problema particular, al cual tratamos de aplicar poco a poco lo que vamos aprendiendo. Esperamos comprender esa totalidad, esa plenitud, por medio de una parte, de un problema individual. Ahora bien, el concepto de una serie de ideas formando una enseñanza, o de llegar a lo total por intermedio de cada una de esas ideas aisladas, es para Krishnamurti completamente falso.

  • Los puntos principales de su enseñanza:
    • Exploró todos los temas que se refieren a las inquietudes fundamentales del ser humano y expuso ideas originales sobre todos ellos. Ideas derivadas de su propia vida, de su propia experiencia.
    • Se aleja de la doctrina teosófica en la cual le formaron. En lugar de dar respuestas, plantea preguntas. Dedica su atención a la problemática de la vida, más que a cuestiones metafísicas. Abogaba por la duda y el cuestionamiento como método de investigación.
    • En 1929 en un campamento en Holanda, disuelve la Orden de la Estrella, -organización creada para formarle como ‘el instructor del mundo’-, después de proclamar que: ‘la verdad es una tierra sin senderos’.
    • Las enseñanzas de la época de plenitud de Krishnamurti infunden nueva vida al precepto de Buda: ‘sé una luz para ti mismo’. Esas palabras encierran un mensaje para todos los seres humanos: cuestiona todo lo que guía el rumbo de tu vida, examina la imagen que tienes de ti mismo, abandona tus prejuicios y cuida de tus relaciones. Cada persona debe derribar los muros de la cárcel en la que está prisionero. Demoler la prisión significaba hacer frente a la inmediatez, a menudo dolorosa, de ‘lo que es’ en vez de perseguir una promesa, a menudo ilusoria, de ‘lo que debería ser’ en un futuro distante.
    • El ‘espacio silente’: el silencio disuelve todas las barreras, posibilita la creatividad; lo nuevo no contaminado por lo viejo, por el pensamiento. Sólo en el estado de silencio y quietud, puede ser trascendido todo conflicto.
    • Rechaza la noción de progreso evolutivo en el camino del desarrollo humano. Más que una visión horizontal del desarrollo, tiene una visión vertical -a saltos más que en etapas.
    • La enseñanza de Krishnamurti no trata de cosmologías, o filosofías complejas, difíciles de entender, se trata de aprender a través de la observación y del escuchar.
    • El 19 de noviembre de 1974, a la pregunta sobre los elementos fundamentales de su enseñanza respondió no existen el que enseña y el enseñado. Se preguntó si no sería más bien una cuestión de compasión. La enseñanza dice: ‘donde está uno, lo otro no está’. Es decir, se trata de vivir la realidad diaria (lo desconocido, lo otro, lo nuevo) sin los parámetros mentales viejos (lo conocido, la memoria, el pensamiento). La libertad que necesitamos para ver la realidad requiere liberarse de lo conocido.
    • Durante más cincuenta años, Krishnamurti señaló que los problemas a los que nos enfrentamos requieren una transformación radical de la conciencia humana. Dos mil quinientos años de filosofía occidental no han servido para cambiar básicamente al hombre, ni para eliminar los miedos, el dolor y la agresividad que siempre le han acompañado, haciendo de él un ser fundamentalmente desgraciado e infeliz.
    • Krishnamurti nos insta a descartar todo lo que ha sido afirmado sin pruebas por las autoridades. Se trata de indagar por nuestra cuenta, en lugar de ser ‘seres de segunda mano’.
    • En Varanasi Krishnamurti apuntó que la enseñanza es el espejo en el que cada uno se ve a sí mismo. La única enseñanza es investigarse a uno mismo, conocerse, comprenderse. Al conocernos daremos lugar a un mundo nuevo. Las palabras de Krishnamurti son un indicador; su función es señalar el camino hacia los valores auténticos, universales. Los valores definitivos. El trabajo lo debe hacer cada uno. La felicidad no puede venir a través de nadie. Surge cuando uno está preparado. Cuando se han eliminado todas las trabas, ella acaece.
    • La negación es la esencia de lo positivo. Cuando negamos todo lo que no es el amor por ejemplo, de esa negación surge la llama que se manifiesta sin el humo de los conceptos que nos impiden tomar contacto directo con esa realidad inexpresable.
    • Sin comprender la relación no es posible comprender la realidad. Nos relacionamos con el mundo a través de las imágenes previas formadas en nuestra mente; a través de experiencias anteriores que no han sido bien entendidas. Dichas imágenes impiden la observación de la realidad, y provocan confusión y conflicto.
    • Resalta la importancia del observar pasivo. La percepción pasiva, es la piedra angular de la enseñanza de Krishnamurti. Habla de darse cuenta sin el sujeto, sin la división artificial: el dualismo entre observador y la cosa observada. Dicha división genera la mayoría de los problemas humanos: confusión interna y conflictos en las relaciones.
    • Krishnamurti pretende despertar la inteligencia, que es lo único que puede ayudar al hombre a realizarse plenamente.
    • Señala que lo importante en su enseñanza es ver si dice la verdad, y averiguarlo es labor de cada uno en su propia vivencia diaria.
    • Más que transmitir ideas, Krishnamurti pretende que cada uno sepa mirar la realidad, pues al comprenderla se produce una transformación en uno mismo.
    • Krishnamurti propone una transformación interna, que cambiando al hombre cambie todas las estructuras sociales las cuales generan un mundo caótico, en el que existe la guerra, el hambre y la miseria. La regeneración debe comenzar desde el centro, no desde la periferia o medio social. Las revoluciones sociales habidas hasta ahora no han traído los cambios prometidos, sino que han dado lugar a nuevas tiranías. El cambio debe empezar a partir de uno mismo y de ahí extenderse hacia el exterior. Ninguna sociedad, ningún sistema va a crear una sociedad de hombres libres, de hombres felices.
    • La palabra no es importante. La palabra no es la cosa. Los cerebros se han reducido mucho porque han confundido el mapa con el terreno. La palabra con la realidad. Las palabras son limitadas. Las experiencias que se traducen en palabras también lo son.
    • Comprender la enseñanza de Krishnamurti es comprender el yo. El yo es un manojo de recuerdos. Es la esencia del conocimiento. Está siempre en el campo del tiempo, de la memoria, del pensamiento. Cuando el yo está ausente el tiempo no existe. El yo es la memoria heredada y la acumulada. Si queremos conocer al yo debemos estar alertas a todas sus manifestaciones, en una observación que no esté contaminada por el pensamiento. Eso es la meditación. Un proceso de autoconocimiento. La comprensión del yo involucra el tiempo y el espacio; se da cuando se ha terminado el tiempo.
    • La esencia de la enseñanza de Krishnamurti es la belleza: ‘un desbordamiento del ser’. El acceso a ‘lo otro’, a ‘lo desconocido’. Lo total. La realidad vista sin la interferencia del pensamiento.
    • Desde la época de los griegos, de los antiguos hindúes, etc., se ha dicho: ‘conócete a ti mismo’. Se estudia la psique en otros, pero nadie estudia jamás su propia psique. Los psicólogos, los filósofos, los expertos, nunca se estudian a sí mismos. Estudian ratas, conejos, palomas, monos, etc., pero nunca dicen: ‘voy a observarme a mí mismo. Soy ambicioso, codicioso, envidioso, compito con mi vecino, con mis colegas científicos’. Es la misma psique que ha existido durante miles de años, aunque exteriormente seamos maravillosos en lo tecnológico. Pero internamente somos muy primitivos.
    • Krishnamurti pretende despertar el deseo por la verdadera investigación. Esto es todo cuanto un maestro puede hacer. Es todo cuanto quiere hacer. Gracias a eso adviene la inteligencia, esa inteligencia que está libre de todo sistema y de toda creencia organizada. Esta inteligencia está más allá de todo concepto de compromiso y falso amoldamiento.
    • Si uno es un gran hombre de ciencia, no tiene a nadie que le lleve al descubrimiento en la experimentación; estará investigando constantemente, desechando, explorando, inquiriendo para descubrir. Pero nunca hacemos eso con respecto a la vida interior, religiosa, que es mucho más importante que el mero descubrimiento de hechos científicos; porque los hechos científicos pueden ser desviados y utilizados por una mente egocéntrica, interesada en sí misma y en su propio progreso

GENERAL

Uno es la mente, es tanto el pensador como el pensamiento. Pero si el pensador se separa y trata de controlar su pensamiento, eso conduce hacia la ilusión (16).

Cuando la mente comienza a observar sus propias reacciones, motivos, exigencias, impulsos, y las experiencias que ha acumulado en forma de memoria, surge una división entre el observador y la cosa observada (39).

El pensador es la entidad psicológica que ha acumulado experiencia en forma de conocimientos; es el centro atado al tiempo que es el resultado de la influencia siempre cambiante del ambiente, y desde este centro él mira, escucha, experimenta (39).

El pensador es la idea, el recuerdo de dolores y placeres, el haz de memorias, que responde, cuando hay un reto, en términos de pensamiento y acción. El pensador es el centro de ideas basadas en la búsqueda de placer y la evitación de dolor. Es el que origina todo esfuerzo para ajustarse, y ese esfuerzo se basa en el miedo (57).

El ‘observador’ existe únicamente cuando en la observación uno va acumulando; cuando uno dice: ‘él es mi amigo, porque me ha halagado’. Acumulación a través de la observación (40).

Siempre actuamos desde un centro. El centro puede que sea un motivo, el centro puede que sea el temor, o la ambición. Toda acción, tal como la conocemos, parte de un centro. Ya se identifique el centro con la comunidad, o con una filosofía, sigue siendo el centro. La cosa con la que se idéntica se convierte en el centro. Por medio del pensamiento, el recuerdo de algo que pasó hace unos segundos se convierte en el centro. Mientras haya un centro, existe el espacio que el centro ha creado, y queremos extender este espacio porque sentimos que es necesaria su expansión para vivir de un modo más amplio. Pero en esa conciencia expansiva siempre está el centro, y por lo tanto, el espacio es siempre limitado, no importa cuán dilatado sea. El centro es creado por la cultura en la que uno vive, por las propias memorias y experiencias condicionadas y por la propia fragmentación. De forma que no sólo la sociedad crea el centro, sino que también el centro se está autoimpulsando (40).

Cuando el hombre se dé cuenta del movimiento de su propia conciencia, verá la división entre el pensador y el pensamiento, entre el observador y lo observado, entre el experimentador y la experiencia, y descubrirá que esta división es ilusoria. Entonces existe únicamente la observación pura, que es discernimiento directo sin vestigio alguno del pasado. Este discernimiento intemporal origina un cambio radical y profundo en la mente (23).

El pensamiento no tiene cabida en la investigación de lo interno. ¿Se han dado cuenta ustedes de este hecho, de que el pensador es el pensamiento, el experimentador la experiencia, el observador lo observado? ¿Han comprendido, han visto la verdad del hecho, el hecho de que no hay división entre el pensador y el pensamiento, el experimentador y la experiencia? (17).

¿Cómo responde usted, quién es el observador? La única respuesta es observar. Estar abierto, descubrir (10).

CONCEPTOS:

AMOR:

¿Cuándo se manifiesta el amor? Para Krishnamurti, el amor sólo puede manifestarse cuando no existe ninguna imagen de uno mismo. “El amor manifiesta su existencia sólo cuando el ‘yo’ está ausente”[1].

¿Cuándo está presente el amor? Según Krishnamurti cuando no existe el yo. Cuando uno dice “‘yo amo’… en el decirlo mismo, en el propio experimentarlo, está ausente el amor… Donde existe el amor, no existe el ‘yo’”[2].

¿Quién es el sujeto del amor? Desde luego no es el yo ya que el yo es una creación de la mente. “Creamos en nuestra mente una dualidad, un observador, un controlador y la cosa observada y controlada”[3]. Según Krishnamurti: “el amor sólo puede existir, cuando no hay ningún observador, cuando no existen ni usted ni aquél a quien ama, sólo existe esa cualidad de amor”[4].

¿Qué relación tiene la mente con el amor? Según Krishnamurti: “saber amar implica que la mente está ausente con su pensamiento dual ya que sólo la mente que es capaz de atención completa –y la atención completa sólo es posible con la ausencia de pensamiento- sabe amar, porque esa atención es la ausencia del ‘yo’”[5].

Para Krishnamurti el auténtico amor es amor sin motivo ni método y ambos -motivo y método- emergen de nuestro yo. “Si le amo y quiero algo de usted, ello no es amor -aunque lo llame así- porque hay un motivo detrás de ello… ¿Puede uno descubrir lo que es amar sin motivo?… Si decís: ‘¿cómo voy a conseguir ese amor?’, estaréis haciendo una pregunta que carece de sentido, porque al querer conseguirlo ya tenéis un motivo”. Con relación a un método para amar, dice Krishnamurti que “cuando utilizáis un método para lograr ese amor, el método sólo fortalece el motivo, que es vuestro ‘yo’. Entonces, usted es importante, no el amor”[6].

¿Cómo es posible el amor, cuándo surge? Según Krishnamurti: “se ha visto que el amor sólo es posible, cuando el yo está ausente, cuando no hay sujeto u observador, ni pensamiento dual, ni motivo ni método. Tampoco el amor está en el tiempo ni en el análisis, ni en las lamentaciones o en las recriminaciones. Está ahí cuando se hallan ausentes el deseo de dinero, de posición, y las astutas supercherías del yo”[7].

¿Es posible utilizar el amor para liberarnos del yo? Según Pupul Jayakar Krishnamurti afirma que “podemos utilizar el amor para liberarnos del yo. Cuando se libera del yo, y estamos embebidos en ese estado, la acción y la respuesta serán las del amor y de esa manera nos podemos liberar del ‘yo’”[8]. Vemos que es un proceso circular que se autoalimenta en sentido liberador.

ACCIÓN:

No comprendemos la realidad porque la vivimos desde el yo falso y así nuestras acciones son parciales. “Donde hay una división del pensamiento, donde existe la idea del ‘yo’, la idea de ‘lo mío’ y ‘lo tuyo’, no puede haber integridad en la acción y, por lo tanto, no puede haber comprensión de la realidad viviente”… El ‘yo’… no es más que un haz de corrupciones heredadas, de virtudes sociales y sus opuestos. Nuestra acción no es sino una reacción que proviene del ‘yo’… La acción armoniosa cuando vemos una obra de arte, sólo es posible cuando se ha eliminado completamente de uno la idea del ‘yo’… La individualidad es la acumulación de los resultados de diversas acciones que han sido impedidas, obstaculizadas por ciertos valores heredados y adquiridos, así como por las limitaciones… Sino comprendemos un acontecimiento, si no vivimos completamente una experiencia, entonces el recuerdo de ese acontecimiento, de esa experiencia, subsiste en nuestra mente y cuando tenemos una experiencia que no podemos comprender plenamente, entonces nuestra mente regresa a esa experiencia una y otra vez, creando la memoria. Esta memoria realmente nace de la insuficiencia en la acción. Y como tenemos muchas experiencias que no entendemos del todo, que surgen de acciones incompletas, de ahí emerge la conciencia de uno mismo que llamamos el ego, la cual no es sino una serie de recuerdos, una ilusión sin realidad alguna, sin sustancia…

Entonces no somos conscientes de nosotros mismos como entidad, como el ‘yo’”[9].

Lo viejo (el condicionamiento) y lo nuevo (la realidad) se unen en el presente y condicionan la acción. “Las ideas que tuvieron mis antepasados y que me han sido transmitidas, se combinan con la acción y reacción de hoy día y se convierten en el ‘yo’ del presente. De este modo, el carácter se conserva y continúa. Nuestros predecesores, a causa de sus deseos, temores y esperanzas, crearon cierto patrón de pensamiento, y este pensamiento, hasta cierto punto, continúa en nosotros. Estas ideas viejas, en combinación con las actuales, han originado mi pensamiento estrecho y limitado que es el ‘yo’”[10].

¿Qué ocurre cuando actuamos guiados por una idea? ¿Puede esa acción guiada por la idea dar continuidad al yo? ¿Es posible comprender el yo para dejar de actuar desde la idea? Según Krishnamurti: “vemos el ego, su actividad y su acción basadas en una idea. La acción basada en una idea es una forma del ego porque le proporciona continuidad, un propósito a esa acción. O sea, que la idea en acción se convierte en un medio de dar continuidad al ego. Si la idea no estuviera ahí, la acción tendría un significado completamente distinto, el cual no procede del ego. Las búsquedas de poder, posición, autoridad, ambición y todo lo demás son los aspectos del ego en todas sus distintas modalidades. Pero lo importante es comprender el ego”[11].

El yo, que es un centro desde el cual nos vivimos crea el espacio interno y externo que obstaculiza nuestra vida y relaciones. “Nosotros siempre actuamos desde un centro con un punto, que es el ‘yo’: ‘mis’ temores, ‘mis’ esperanzas, ‘mis’ frustraciones, ‘mis’ ambiciones, ‘mi’ condicionamiento sociológico, ambiental o religioso. Ese es el centro desde el cual reaccionamos, y mientras ese centro no sea completamente comprendido, por mucho que tratemos de resolver nuestros problemas, ellos no harán más que multiplicarse, y la miseria, la lucha, la catástrofe, sólo se acrecentará. Comprender el centro es dar fin a la reacción”[12].

El ser consciente de que somos actores, refuerza el yo y el enquista el conflicto en nuestra vida. “En tanto haya autoconciencia que se expresa como el ‘yo’, no puede haber olvido de las actividades del ‘yo’ y cualquier acción de la voluntad, del deseo, es obvio que debe cultivar y fortalecer el ‘sí mismo’; y el ‘sí mismo’ es el haz de recuerdos, características, idiosincrasia, todo lo cual genera conflicto”[13].

Si el yo permanece y se refuerza, nuestras acciones futuras serán anómalas: “que el ‘yo’ sea mantenido o no, es una cuestión muy vital, porque de ello depende todo el curso de nuestra acción”[14] y crea nuestro propio malestar: “en su máximo alcance y expresión, el yo, nacido de la ignorancia, cuando actúa desde sí mismo debe crear inevitablemente su propia esclavitud y su dolor”[15].

ACTOR:

La acción la realiza el actor y el actor lo identificamos con el yo. ¿Es posible escapar de la acción dirigida por el yo? Según Krishnamurti: “adoptamos ‘poses’, nos ponemos máscaras y gradualmente la pose, la máscara, se convierten en el hábito diario, que encubre los muchos ‘yoes’ de la contradicción, la codicia, el odio y así sucesivamente. Sin escapar ¿no es posible estar pasivamente alerta a las actividades del yo? Éste darse cuenta puede provocar una actividad enteramente diferente, que no engendra dolor y desdicha… El talento puede llegar a ser una maldición”[16]

¿Cómo actúa el actor? “El ‘yo’, el actor, no es sino un largo rollo de la memoria. A estas acentuaciones o depresiones las llamamos ‘complejos’ y desde ellos actuamos”[17]. Sin embargo “cuando uno discierne que no hay un ‘yo’ aparte de la acción, que el actor es la acción misma, entonces adviene gradualmente una plenitud, una insondable felicidad”[18].

ANHELO:

El anhelo, el deseo, es la marca característica del proceso del yo. “Existe esta masa de reacciones nacidas de la condición, del medio, del prejuicio de los múltiples anhelos, y todo esto es la cosa que llamamos el ‘yo’”[19]. ¿Qué se oculta detrás del anhelo? Según Krishnamurti: “el ‘yo’ es un vocablo que oculta el anhelo en sus diferentes formas”[20].

¿De dónde nace el anhelo o cómo crea el yo el anhelo? ¿Es realmente un proceso circular que se retroalimenta?: “el ‘yo’ no es más que una colección de recuerdos, de tendencias que nacen del anhelo… El anhelo… crea el ‘sí mismo’, el ‘yo’, lo ‘mío’”[21].

AUTOCONOCER:

¿Qué soy yo, sino soy una identidad, si mi condicionamiento forma parte de mi identidad y me identifico con ella? Para Krishnamurti “es importante descubrir lo que somos, sentirnos sorprendidos y conmocionados al descubrir lo que somos realmente, cuando pensábamos que éramos tan maravillosos. Es romántico, idiota y estúpido pensar que uno es esto o aquello”[22].

Somos incapaces de vernos de una forma profunda, dejando al margen nuestra vivencia condicionada desde la imagen para descubrir nuevas realidades, y entre ellas la realidad auténtica de lo que somos. No vemos porque la mente no puede ver porque está obstaculizada por su propia confusión. “No vemos porque nos miramos a nosotros mismos siempre condenando, comparando, evaluando. Por lo tanto, nunca nos vemos como somos. Vernos como somos es dar origen a un cambio radical en nosotros mismos”[23].

AUTOPROTECCIÓN:

Nuestro instinto de supervivencia ha sido substituido por el deseo de protegernos que emana de la identidad ficticia desde la cual nos vivimos. Para Krishnamurti, “esa cosa que se supone que continúa [el yo], es nada más que una serie de capas de memoria, de ciertas cualidades, ciertas acciones incompletas que han sido condicionadas, obstaculizadas por el miedo originado en la autoprotección. Esa conciencia incompleta es lo que llamamos el ego, el ‘yo’”[24].

Cualquier acción que parte del yo lo fortalece, lo defiende, le da continuidad: “el ‘yo’ se separa de sus cualidades a fin de protegerse, de darse continuidad, permanencia… afirma que es esto y aquello… modifica, cambia, transforma sus pensamientos, sus cualidades; pero este cambio no hace sino fortalecer el ‘yo’, sus muros protectores”[25].

CARÁCTER:

El carácter es el yo asentado como una imagen habitual desde la cual actuamos. Es una forma habitual de manifestarse el yo. Establece una serie de conductas predecibles. Para Krishnamurti, “el carácter se opone a la inteligencia. El carácter es tan sólo un obstáculo, una limitación”[26].

¿Qué relación tiene el conflicto con el carácter? El carácter es producto de los conflictos cotidianos con los que nos enfrentamos a los acontecimientos de cada día: “por el conflicto desarrolláis carácter, y dentro de la estructura psicológica de la actual sociedad tenéis conflicto; así pues, tenéis carácter. Ahí, carácter es resistencia”[27].

¿Puede cambiar el carácter? ¿Cómo influye el ambiente en el carácter? ¿Hay algo más allá del carácter? El carácter a modo de coraza, puede “ser modificado, cambiado según las influencias ambientales… Sólo hay carácter modificado, controlado, moldeado por el medio. Uno puede descubrir si hay algo más, sólo cuando comprende las influencias ambientales y rompe con ellas”[28].

COMPRENDER:

En El libro de la vida, en el apartado titulado Más allá de toda experimentación, Krishnamurti dice que “comprender el ‘yo’ requiere muchísima inteligencia, un estado intenso de vigilancia, de alerta, de agudeza mental, una observación incesante para que el ‘yo’ no pueda escabullirse… Tan pronto digo: ‘quiero disolver este ‘yo’, en el proceso que sigo para disolverlo interviene la experimentación del ‘yo’; en consecuencia, el ‘yo’ se fortalece. ¿Cómo es posible, entonces, que el ‘yo’ no experimente? Uno puede ver que la creación no es en absoluto una experiencia del ‘yo’. La creación tiene lugar cuando el ‘yo’ está ausente, porque la creación no es un hecho intelectual, no pertenece a la mente, no es autoproyectada; es algo que está más allá de toda experimentación tal como la conocemos… Cualquier movimiento de la mente, positivo o negativo, es una experiencia que de hecho fortalece el ‘yo’. ¿Puede la mente no reconocer? Eso puede ocurrir sólo cuando hay completo silencio, pero no el silencio que es una experiencia del ‘yo’ y que, por lo tanto, lo fortalece”[1]. En el mismo libro en el apartado ¿Qué es el ‘yo’?, añade que “la búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del ‘yo’ en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el ‘yo’… ¿Saben ustedes qué entiendo por el ‘yo’? Entiendo por el ‘yo’ la idea, el recuerdo, la conclusión, la experiencia, las diversas formas de las intenciones, tanto las que se pueden nombrar como las innombrables, el esfuerzo consciente de ser o de no ser esto o aquello, la memoria acumulada del inconsciente: lo racial, el grupo, el individuo, el clan, y la totalidad de ello, ya sea proyectado exteriormente en la acción o proyectado espiritualmente como virtud; el esforzarse tras todo esto es el ‘yo’. Ello incluye la competencia, el deseo de ser. Ese proceso íntegro es el ‘yo’; y cuando nos enfrentamos con él, sabemos realmente que es algo maligno. Uso la palabra maligno intencionalmente, porque el ‘yo’ es divisivo; el ‘yo’ lo encierra a uno en sí mismo; sus actividades, por nobles que sean, separan y aíslan. Sabemos todo esto. También sabemos cuán extraordinarios son los momentos en que el ‘yo’ se halla ausente, en que no hay sentido alguno de esfuerzo; ello ocurre cuando hay amor”[2].

CONFLICTO:

¿Cuál es el origen del conflicto? Para Krishnamurti, “la raíz es la división entre el observador y la cosa observada”[3]. Sabiendo que el origen del conflicto es la división entre el observador (pensador) y la cosa observada (y lo pensado), ¿qué relación tiene el yo con el conflicto?: “el conflicto es la verdadera estructura del ‘yo’”[4].

¿Cuándo surge la conciencia de mí mismo, como una imagen desde la que me vivo dentro del conflicto? Según Krishnamurti: “soy consciente de mí mismo sólo cuando hay conflicto. Si no hay conflicto, no soy consciente de mí mismo en la acción. Lo soy únicamente cuando hay una conclusión, una frustración, cuando deseo hacer algo y estoy impedido de hacerlo. Cuando uno quiere llevar a cabo alguna cosa y existe un obstáculo, hay frustración, y sólo entonces surge la conciencia del conflicto, o conciencia de ‘uno mismo’… El individuo, como ‘yo’, nace del conflicto, y entonces el ‘yo’ quiere realizarse, positiva o negativamente. El conflicto crea, pues, inevitablemente, un proceso separativo, crea al individuo como algo separado del grupo, de la comunidad, etc. Este proceso separativo del ‘yo’, sólo acentúa y fortalece el conflicto que vemos en la vida cotidiana”[5].

Si no comprendo mis experiencias, se refuerza el yo y no puedo comprender cuando estoy viviendo desde una mente en continuo conflicto. Según Krishnamurti: “si tengo una experiencia cuyo significado no comprendo por completo, la mente se convierte en un centro de conflicto, y este conflicto continúa hasta que comprendo esa experiencia en su totalidad. Mientras la mente está cargada con estos conflictos, no es más que un depósito de reacciones defensivas llamadas recuerdos… A este manojo de reacciones defensivas le llamamos el ‘yo’”[6].

CONSIDERACIÓN:

Krishnamurti considera importante estar atentos a lo que nos pasa y a lo que sucede a nuestro alrededor, puesto que esa atención es lo que va a disolver el yo. En ese proceso de estar atentos se debilita la imagen del yo, puesto que al estar atentos no participa el pensar con sus prejuicios y no se refuerza la imagen del pensador. “Considerar es estar atentos, pero preferimos más bien que se nos consuele, que se nos adormezca, que se nos embote”[7].

CONTINUIDAD:

Nos sentimos un yo y queremos que el yo continúe, que sea cada vez más perfecto, pero ¿cómo puede ser cada vez más perfecto lo que es producto de la mente confusa. Según Krishnamurti: “el ‘yo’… un mero resultado de la frustración, ¿cómo puede volverse perfecto?… siendo una limitación, no puede llegar a ser perfecto. Debe permanecer para siempre como una limitación”[8].

Es importante indagar si el yo continúa o puede acabar su proceso de deterioro. “La conciencia forma, mediante la acción de la ignorancia, su propia continuidad como un individuo y se aferra, con ansia desesperada, a esta identificación… Lo que tiene vital importancia para cada uno de nosotros es descubrir si, a causa de la ignorancia con sus actividades volitivas, el proceso del ‘yo’ se perpetúa o no. Si este proceso que se nutre a sí mismo continúa, no puede tener existencia aquello que es real, verdadero… El ‘yo’, ¿es una entidad permanente, una esencia espiritual? ¿No es, acaso, un compuesto de elementos reunidos entre sí y, por lo tanto, es impermanente? ¿No es un resultado y, por eso, no puede ser una esencia espiritual? ¿No tiene el ‘yo’ una continuidad dada por la memoria que lo identifica, sujeta al tiempo y, en consecuencia, impermanente y transitoria?… Están aquellos que, al darse cuenta de la impermanencia del ‘yo’, afirman que lo permanente puede ser hallado si nos deshacemos de las numerosas capas del ‘yo’, lo cual requiere tiempo y, por consiguiente, se torna necesario reencarnar”[9].

CREATIVIDAD:

¿Qué es la creatividad y qué relación tiene con el yo? Para Krishnamurti, “¿la creatividad es una sensación de total olvido de uno mismo, esa sensación que se experimenta cuando no hay confusión, cuando uno es enteramente inconsciente del proceso de pensar, cuando sólo existe el ser completo, pleno, exuberante?”[10].

¿Cómo surge la creatividad?: “al desprendernos del ‘yo’ con su dogmatismo, su crueldad y sus luchas interminables por llegar a ser, adviene la realidad creativa”[11].

¿Qué ocurre cuando hay creatividad y como se traduce en actividad cuando hay ausencia o presencia del yo? “Cuando hay creatividad, cuando tenemos el sentimiento creativo, no hay lucha, lo cual implica que el ‘yo’, con todos sus prejuicios, su condicionamiento, está ausente. En ese estado hay creatividad; y ese sentimiento creativo, ese estado creativo, tratamos de expresarlo en la acción: a través de la música, de la pintura o de lo que fuere. Entonces empieza la lucha: el deseo de ser reconocidos, etc. Por cierto, el estado creativo no requiere lucha; por el contrario, cuando hay lucha no hay estado creativo. Cuando el ‘sí mismo’, el ‘yo’ está por completo ausente, hay posibilidad de que surja a la existencia ese estado creativo. Y, en tanto predomine la idea, tendrá que haber lucha, conflicto. Es decir. El hecho de acomodar la acción a la idea tiene que fomentar el conflicto. Por lo tanto, si podemos comprender por qué predomina la idea en nuestras mentes, quizá seamos capaces de abordar la acción de una manera distinta”[12].

DESEO:

El deseo, lo mismo que el anhelo están relacionados con la identidad, con el yo. Se puede desear desde la identidad o desde la ausencia de identidad. Esta discriminación se efectúa desde la observación en la acción. Desear desde la identidad nos mantiene en la ignorancia. Krishnamurti apunta que cuando “uno ve algo atractivo, lo anhela y lo posee. De ese modo, se ha establecido este proceso de percepción, deseo y adquisición, proceso que se sustenta a sí mismo. Hay una percepción espontánea, una atracción o repulsión, un aferrarse o un rechazar. Así que el proceso del ‘yo’ es independiente, actúa por sí mismo. O sea, no sólo se expande mediante sus propios deseos y acciones espontáneas, sino que se mantiene a sí mismo por medio de su propia ignorancia, sus tendencias, deseos y anhelos. La llama se alimenta de su propio calor, y el calor mismo es la llama… Del mismo modo, el ‘yo’ se mantiene a sí mismo mediante el deseo, las tendencias, la ignorancia. Más aún, el ‘yo’ mismo es deseo. El material para la llama puede ser una candela o un trozo de madera, y el material para el proceso del ‘yo’ es la sensación, la conciencia… Si se observan en la acción, verán que su deseo, a causa del trasfondo de la tradición, de los falsos valores y de los recuerdos autodefensivos, renueva a cada instante el proceso del ‘yo’ que impide el verdadero discernimiento”[13].

¿El yo que desea es una entidad única, o hay varios yos? Según Krishnamurti: “el ‘yo’ parece ser una entidad única, pero si logramos disminuir el ritmo veloz de sus actividades, percibiremos que no es una entidad única, sino que está compuesto de muchos deseos separados y muchas búsquedas compitiendo entre sí. Estos deseos y esperanzas, temores y alegrías, todos separados unos de otros, componen el ‘yo’”… ¿Es estático el deseo? “El deseo nunca es estático y, por ende, el ‘yo’ jamás está quieto. Está siempre luchando para obtener y para evitar… Cualquier acción de la voluntad, del deseo, es obvio que debe cultivar y fortalecer el ‘sí mismo’; y el ‘sí mismo’ es el haz de recuerdos, características, idiosincrasia, todo lo cual genera conflicto”… ¿Fortalece el deseo el yo? ¿La impotencia acumulada en la memoria en forma de rencor, fortalece el yo? “Los recuerdos de los deseos satisfechos y de los insatisfechos, los recuerdos de esos agravios, de los resentimientos, de las ambiciones (…) todo eso soy yo; no estoy separado de eso”[14].

DEVENIR:

Queremos ser algo diferente de lo que somos, pero dirigidos por la imagen que tenemos de nosotros y de ahí emergen nuestros deseos, anhelos y ambiciones. Entre ellos está el deseo de devenir ¿Qué ocurre cuando se abandona el deseo de devenir? Según Krishnamurti: “cuando el ‘yo’ no está ocupado con su propio devenir, hay una impremeditada claridad, un éxtasis profundo. Esta intensidad de júbilo es la consecuencia de haber abandonado el ‘yo’…. Nuestro pensar-sentir está atrapado en el proceso horizontal del devenir; aquél que deviene está siempre acumulando, ganando, expandiéndose. El ‘yo’, el que deviene, el creador del tiempo, jamás puede experimentar lo intemporal. El ‘yo’, el que deviene, es la causa del conflicto y del dolor… En el devenir, existen siempre la repetición y la creación del hábito. En el devenir está el cultivo de la memoria, que pone énfasis en el ‘yo’. El ‘yo’, por su propia naturaleza, es dolor y contradicción”[15].

¿Qué relación tiene el tiempo con el devenir? El tiempo de reloj y el tiempo psicológico están presentes en los textos de Krishnamurti. Según Pupul Jayakar, biógrafa de Krishnamurti y estrecha colaboradora de su obra, Krishnamurti decía que “la percepción y negación de todo el devenir psicológico, implicaba la terminación del pensamiento, del tiempo y de la causa del ‘yo’… Están el tiempo cronológico y el tiempo de la mente, el tiempo que es la mente misma. Existe una confusión entre ambos tiempos. El tiempo psicológico es el proceso del devenir. Este tiempo como el devenir, el ‘yo seré’, nacía de la ilusión y era una manifestación del ‘yo’; se afirmaba y sustentaba a sí mismo a través de su propia ignorancia y, por medio de este proceso, almacenaba su propia energía potencial como conciencia. Esta conciencia era percibida por el individuo mediante la operación de los sentidos”[16].

DIOS:

¿Qué relación tiene la imagen que vivimos de nosotros, es decir el yo, la identidad con Dios? Para Krishnamurti Dios se equipara a la realidad y a la verdad, tal como se ve en el siguiente texto: “si liberamos la mente de esa conciencia del ‘yo’ descubriendo los valores correctos del medio, valores que nadie puede decirnos cuáles son, entonces conoceremos por nosotros mismos esa realización plena que es la verdad, que es Dios, o el nombre que quieran darle. Pero mediante el desarrollo de esa limitada conciencia egocéntrica que es el falso resultado de una causa falsa, no descubriremos qué es la verdad, qué es Dios, la felicidad, la perfección; porque en esa conciencia egocéntrica tiene que haber continuamente conflicto, esfuerzo y desdicha”[17].

A la pregunta de si existe alguna relación entre la realidad y uno mismo Krishnamurti contesta que el que pregunta da a entender que debería haber una relación. “Cree que la realidad o Dios o como quiera llamarlo, está dentro de usted, pero que se halla recubierto por la ignorancia; entonces pregunta qué relación hay entre la ignorancia y la realidad. ¿Puede haber relación alguna entre la ignorancia y la comprensión? Ahora bien, ¿qué son estas cubiertas, estas envolturas que supuestamente ocultan la realidad? ¿Qué es el ‘yo’ que formula esta pregunta? ¿Acaso no es una forma determinada, un nombre, cierto grupo de cualidades, recuerdos que se han dividido en lo superior y lo inferior, lo espiritual y lo no espiritual, etc.? Todo esto es el ‘yo’. Ahora bien, usted quiere saber si hay alguna relación entre este ‘yo’ y la realidad. ¿Qué es la realidad? Usted no lo sabe, pero abriga respecto de ella una esperanza, un anhelo. ¿Puede haber relación alguna entre lo conocido, el ‘yo’, y lo desconocido? Usted puede descubrir si hay alguna relación, sólo comprendiendo lo que usted es, no suponiendo o afirmando que existe una relación entre el ‘yo’ y la realidad. Por cierto, si el ‘yo’ es transitorio, y es transitorio como podemos observarlo de día en día, entonces, ¿cuál es la relación entre lo transitorio y algo que no lo es? Ninguna, en absoluto. Cuando comprendemos integralmente el proceso del ‘yo’ y su transitoriedad y estamos desapegados de él, hay una comprensión de la realidad. El ‘yo’ es el haz constituido por los deseos, la codicia, el amor posesivo, el anhelo de inmortalidad aquí o en el más allá”[18].

¿Puede el yo experimentar, tener una experiencia de la realidad, de Dios, del fundamento de todo? Según Krishnamurti: “el ‘yo’ jamás puede experimentar lo desconocido, la realidad, Dios o como le llaméis. El ‘yo’, la mente, el ‘ego’, es el manojo de lo conocido, que es memoria, y la memoria sólo puede reconocer sus propias proyecciones, no puede reconocer lo desconocido”[19].

DISCERNIMIENTO:

¿Qué es el discernimiento para Krishnamurti? Según él, “el discernimiento total no pertenece al tiempo, no es el resultado de la memoria, ni es una intuición, ni un deseo, ni una esperanza. No tiene nada que ver con ninguna clase de tiempo ni de pensamiento”[20].

Con relación al yo, el discernimiento –que es una comprensión instantánea, no un proceso mental como hemos visto en el apartado anterior- es necesario para el descubrimiento del yo lo cual permite solucionar los problemas que el propio yo genera. Para Krishnamurti “es esencial para la comprensión del proceso del ‘yo’. Sólo por medio del discernimiento pueden resolverse los numerosos problemas que constantemente se crea a sí mismo el proceso del ‘yo’”[21].

DISCIPLINA:

¿De dónde emana la disciplina que nos imponemos en nuestro deseo de superar nuestros sufrimientos? “Ante el sufrimiento, ante esa continua incertidumbre y falta de comprensión que creó un vacío, una vacuidad, estamos todo el tiempo tratando de olvidar, de escapar o de superar todo eso mediante la autodisciplina… La consecuencia de ello es que hemos establecido un objetivo a ser alcanzado, el cual consideramos verdadero, un ideal de perfección, de la verdad, de la vida, de Dios (…). Y siempre estamos esforzándonos por disciplinarnos a fin de alcanzarlo, a fin de adiestrar nuestra mente para que viva de manera constante en esa idea y funcione en ella. Así es como creamos en nuestra mente una dualidad, un observador, un controlador y la cosa observada y controlada. De este modo, desarrollamos una mente superior y una mente inferior, una emoción superior y una emoción inferior, porque nuestra mente se halla sofocada, sujeta en esta dualidad”[22]. Pero ocurre que “al ver la verdad de la disciplina con todas sus implicaciones, uno se libera de la disciplina… Cualquier forma de disciplina tan sólo fortalece el ‘sí mismo’, y el ‘sí mismo’ es una fuente de contienda, de conflicto”[23]. Vemos que para Krishnamurti la disciplina que emana desde el yo no es una disciplina que vaya a solucionar los problemas que ese mismo yo genera, sino que refuerza el propio yo y con ello los problemas se enquistan.

¿Puede la disciplina descubrir los movimientos del yo? Según Krishnamurti: “debe haber espontaneidad para descubrir los movimientos del ‘yo’, sea cual fuese el nivel en el que esté situado. Aunque puede haber descubrimientos desagradables, los movimientos del ‘yo’ deben ser expuestos y comprendidos; pero las disciplinas destruyen la espontaneidad que permite hacer los descubrimientos”[24].

DOLOR:

¿Qué relación tiene el dolor con la identidad? Las cosas que nos dicen nos afectan pero están vividas por una mente confusa, desde una identidad o imagen que distorsionan la realidad que llega a nuestros oídos. Según Krishnamurti: “si no hubiera un yo, ¿habría sufrimiento? Uno ayudaría, uno haría toda clase de cosas, pero no sufriría. El sufrimiento es la expresión del yo; esto incluye la autocompasión, el aislamiento, el tratar de escapar, el tratar de estar con el otro que se ha ido y todo lo que ello implica. El sufrimiento es el propio yo, que es la imagen, el conocimiento, el recuerdo del pasado”[25]. Para Krishnamurti, “cualquier actividad que dé énfasis al yo, al ego, es destructora; trae dolor”[26].

El dolor surge porque los valores que rigen nuestra vida estas deformados por la confusión de nuestra mente condicionada, producto de vivir desde una imagen. Esto es lo que dice Krishnamurti cuando afirma que “en tanto la mente y el corazón estén presos en los falsos valores… en tanto la mente no haya descubierto por sí misma la verdad, los valores vivientes y genuinos, habrá limitación de la conciencia, de la comprensión, y esta limitación origina la idea del ‘yo’. Y de esta idea del ‘yo’, del hecho de que la conciencia conozca la limitación del tiempo como un comienzo y un final, de esto brota el dolor”[27].

ENERGÍA:

¿Qué ocurre para que la energía corporal se trasfiera a la estructura que forma el yo? ¿Cómo se carga el yo de energía? ¿De qué manera concebimos el yo como energía? Según Krishnamurti, “la estructura del yo aparece solamente cuando hay un registro de todo aquello que no es necesario; o sea, el conceder importancia al nombre, a la propia experiencia, las propias opiniones y conclusiones; todo eso significa la intensificación de la energía en el yo, lo cual es siempre un factor de distorsión”[28].

La energía se precisa para que el organismo funcione, ¿pero qué relación tiene la energía con el yo? ¿Se puede concebir el yo como un centro de energía? Para Krishnamurti, “no hay un ‘yo’ acumulando experiencias, que esté separado de la experiencia misma. Sólo existe este proceso, esta energía que está separada de la experiencia misma. Sólo existe este proceso, esta energía que está creando sus propias limitaciones por medio de los deseos que ella misma alimenta… Hay una energía que es única para cada individuo, la cual no tiene comienzo. Esta energía… en su proceso de desarrollo espontáneo crea su propia sustancia o material, el cual está constituido por la sensación, el discernimiento y la conciencia… Sólo podemos comprender de modo fundamental e integral, la energía que tiene su foco en cada uno de nosotros y que es el ‘yo’. Es el único proceso que podemos comprender. Para comprender el proceso de esta energía única, el ‘yo’, se necesita un discernimiento profundo [que como hemos visto en el epígrafe del discernimiento, no tiene que ver con el tiempo –es decir con el pensamiento consciente-], no el estudio de deducciones y análisis intelectuales [que por su propia naturaleza llevan implícito el tiempo]. Debemos tener una mente capaz de gran flexibilidad. Una mente cargada de deseo y temor, una mente que crea opuestos desde los cuales surge la opción, es incapaz de discernir el proceso sutil del ‘yo’, el centro de toda acción”[29].

ESPACIO:

Ya hemos visto (ver cita 22) que para Krishnamurti el yo es un centro, el cual crea un espacio desde donde el individuo se relaciona con el mundo y consigo mismo. Krishnamurti se pregunta si “¿hay diferencia entre el espacio exterior que es ilimitado y el espacio que existe en nosotros?… Conocemos el espacio en nosotros como un centro y una circunferencia. La dimensión configurada por ese centro y el radio que parte de ese centro, es lo que generalmente llamamos espacio… Ahora bien; si hay un centro el espacio debe ser siempre limitado, y en consecuencia dividimos el espacio interno del espacio exterior… Los seres humanos tienen un centro y desde ese centro ellos crean un espacio, el centro crea un espacio a su alrededor. Y tal espacio es siempre limitado, debe serlo; el espacio es limitado a causa del centro… Ese espacio se aísla a sí mismo. Desde él yo me considero importante, con mi ambición, mi frustración mi ira, con mi sexualidad, mi evolución, mi meditación mi accesible Nirvana… Ese centro es el ‘yo’ y el ‘no-yo’, ese centro es el observador, el pensador, el experimentador, y en ese centro está también lo observado… ¿Puede la conciencia vaciarse a sí misma de todo su contenido?… Debe vaciarse a sí misma sin ningún esfuerzo. En el momento que hay esfuerzo, hay un observador que está realizando el esfuerzo para cambiar el contenido, el cual es parte de la conciencia… Debe tener lugar sin un agente externo o interno que esté operando sobre el contenido… Esto es meditación, verdadera meditación, no toda esa baratija falsificada… Ver si la mente puede vaciarse a sí misma y tener, no obstante, un cerebro que funcione como una máquina maravillosa”[30].

ÉTICA:

¿Qué relación tiene la ética con el yo? ¿Cómo refuerzan nuestros valores la identidad, nuestra imagen? Para Krishnamurti “es comparativamente fácil ser moral: ‘haz esto y no hagas aquello’. Debido a que es fácil, usted puede imitar un sistema moral. Detrás de esa moralidad está al acecho el ‘yo’, creciendo, expandiéndose, agresivo, dominador”[31]. Como vemos, los valores que emanan del yo y que constituyen una ética o una moral desde las cuales la persona dirige su vida, son valores de deterioro, de aumento de nuestra confusión y condicionamiento.

EVOLUCIÓN:

¿La experiencia vivida madura al ser humano, o es realmente un escape, un mecanismo de defensa del yo? ¿Evoluciona el hombre, evoluciona la conciencia, evoluciona el yo, o realmente el progreso que se ve en el ámbito tecnológico no se acompaña del progreso a nivel psicológico que forma parte más bien de un mundo de deterioro? Según Krishnamurti: “el ‘yo’ o la conciencia egotista se compone de conflictos, de compulsiones y de las numerosas capas de recuerdos autodefensivos. Con este trasfondo la mente vive, de principio a fin, una experiencia y aprende de ella tan sólo futuros recuerdos para protegerse a sí misma. Cuando usted dice que está aprendiendo por medio de la experiencia, lo que fundamentalmente quiere decir es que está erigiendo mayores y más hábiles muros de autodefensa. Así, cada experiencia crea ulteriores defensas, barreras contra la vida… Por mucho que parezca evolucionar, debe permanecer siendo siempre un centro de limitación y frustración. Una conciencia basada en recuerdos autoprotectores debe conducir a la ilusión, no a la realidad”[32].

FIN:

¿Puede el yo eliminarse? “El ‘yo’ puede desaparecer –según Krishnamurti- sólo cuando existe la comprensión del medio. La inteligencia funciona, entonces, normalmente, sin restricción ni compulsión alguna”[33]. Krishnamurti se pregunta si “¿existe un procedimiento, un sistema, un método para ponerle fin al ‘yo’?… ¡Tiene que hacerse instantáneamente!… Todo el sistema evolutivo es, en términos psicológicos, un procedimiento. Si usted dice -y para mí eso es una realidad- que de ninguna manera puede tratarse de un procedimiento, el cual es una cuestión de tiempo, de grado, de proceso gradual, entonces sólo existe un problema, o sea ponerle fin de inmediato… Yo no hablaría de ‘destruir’, sino de la terminación del ‘yo’ con toda la acumulación, todas las experiencias, el dogma, todo lo que ha almacenado consciente e inconscientemente. ¿Puede ese contenido ser desechado? No por el esfuerzo, por mí. Si digo que es desechado por mí, eso sigue siendo el ‘yo’. O si lo descarto a fuerza de voluntad, sigue siendo el ‘yo’. El ‘yo’ permanece”[34].

¿Qué es lo que ocurre cuando desaparece el yo? Con la desaparición del yo adviene lo otro, el ser auténtico. “Cuando el ‘yo’ está ausente, lo otro es. Obviamente, es así de simple. ¿Sabe, señor?, me dijeron que el símbolo cristiano, la cruz, es un símbolo muy, muy antiguo, anterior a su aceptación por los cristianos. Significaba aniquilar el yo”[35]. Con la muerte del yo, es decir con su desaparición, surge la posibilidad de una vida nueva, auténtica: “sólo en la muerte del ‘yo’ hay vida”[36].

FRAGMENTO:

Cuando la identidad se torna importante se produce la fragmentación mental en la cual los fragmentos conforman nuestra idea de nosotros. ¿Está el yo conformado por diferentes fragmentos integrados en una unidad que uno vive como una imagen de sí? Según Krishnamurti: “un fragmento de esos muchos fragmentos se convierte en la autoridad, el censor, el observador, el examinador, el pensador”[37].

¿Qué implica la palabra, ‘integración’? ¿Requiere un esfuerzo¿ ¿Quién es el sujeto que efectúa la integración? Para Krishnamurti “implica producir unificación o armonía reuniendo las diferentes partes. Ahora bien, no podéis integrar el cuerpo, la mente y los sentimientos, porque siempre están divididos. Nada puede unirse si está dividido por el conflicto interno… Hay un conflicto creado por el esfuerzo para reunir los diversos fragmentos, y carece de sentido toda ‘integración’ de esa clase. Por mucho que hablemos sobre ello, el hecho de la integración no es posible. Pero si habéis indagado profundamente en esta cuestión y habéis comprendido la imposibilidad de la integración mientras haya una entidad que está tratando de reunir los fragmentos, si habéis comprendido esto por completo, entonces hallaréis que se está realizando una operación del todo distinta. No hay entonces entidad alguna, y por tanto no hay contradicción, y por consiguiente hay armonía”[38].

IDENTIFICACIÓN:

Qué función tiene la identificación en el proceso de generarse el yo? Para Krishnamurti, “primero está la percepción, después el contacto, el deseo y la identificación. Antes de eso, el ‘yo’ carece de existencia”[39]

La identificación es la matriz en la que se desarrolla el yo. “El proceso del ‘yo’ empieza y continúa en la identificación con sus propias limitaciones autocreadas”[40]

¿Qué relación tiene la emoción con el proceso de identificación que hace surgir el yo? Según Krishnamurti: “emocionalmente cada uno de nosotros se aferra a un centro personal, estático, y se identifica con él. En realidad, no existe un centro como el ‘yo’ con sus cualidades permanentes”[41].

Nos identificamos con todo tipo de objetos, personas y situaciones que alimentan nuestra identidad. “Sin posesiones, el ‘yo’ no existe; el ‘yo’ es la posesión, los muebles, la virtud, el nombre. En su miedo a no ser, la mente se apega al nombre, a los muebles, al mérito; y abandonará estas cosas con el fin de alcanzar un nivel superior, siendo eso superior lo más gratificante, la más permanente. El miedo a la incertidumbre, a no ser, contribuye al apego, a la posesión. Cuando la posesión es insatisfactoria o penosa, renunciamos a ella por un apego más placentero. La máxima posesión satisfactoria es la palabra Dios, o su sustituto, el Estado”[42].

¿Cómo podemos iniciar el proceso de desidentificarnos? Según Krishnamurti: “en el observar con todos nuestros sentidos, no hay identificación”[43].

IGNORANCIA:

¿Qué relación tiene la ignorancia con la emergencia del yo? Para Krishnamurti “la conciencia limitada del ‘yo’ es el resultado de acciones incompletas, y esta conciencia limitada crea sus propias ilusiones y está atrapada en su propia ignorancia”[44].

¿Cómo se mantiene y alimenta el yo con la ignorancia y cómo queda atrapada la existencia en ese proceso? : “el proceso del ‘yo’ es el resultado de la ignorancia; como la llama alimentada por el aceite, se sostiene mediante sus propias actividades. Es decir, el proceso del ‘yo’, la energía del ‘yo’, la conciencia del ‘yo’ es el resultado de la ignorancia, y la ignorancia se mantiene mediante las actividades que ella misma crea; es estimulada y sustentada por sus propias acciones, que se basan en el anhelo y el deseo… El verdadero proceso del ‘yo’, del ego, puede discernirse percibiendo cómo, debido a la ignorancia, a las tendencias y a los anhelos, el ‘yo’ se forma y vuelve a formarse restableciendo a cada instante su continuidad. La voluntad originada en el deseo se perpetúa mediante sus propias actividades volitivas. A causa de la acción de la ignorancia y del proceso por el que ésta se nutre a sí misma, la limitación, como conciencia, crea su propia limitación futura y su dolor. En este círculo vicioso está atrapada toda existencia”[45].

IMAGEN:

¿Quién crea la imagen? Para Krishnamurti, “el pensamiento ha creado la imagen y, debido a que es un fragmento, ha creado el ‘yo’, pensando que el ‘yo’ y la imagen son diferentes. El pensamiento ha creado la imagen, y el pensamiento dice: ‘la imagen es muy efímera, está cambiando siempre, pero hay un yo que es permanente’. El pensamiento ha creado a ambos”[46].

¿Qué ocurre cuando estoy alerta a la imagen que vivo de mí? Según Krishnamurti: “cuando estoy alerta a mi imagen, ¿existe la imagen? No, no existe”[47].

¿Cómo se relaciona la imagen con el conflicto? Para Krishnamurti, “mientras exista la división entre el observador que fabrica las imágenes, y el hecho -el cual no es una imagen sino solamente el hecho-, tiene que haber un perpetuo conflicto. Ello es una ley”[1].

INMORTALIDAD:

Para Krishnamurti la inmortalidad es vivir sin identidad, sin individualidad, sin ideas ni ilusiones y vivir así es vivir en un estado sin tiempo. “Sólo cuando se enfrentan sin barreras a sus experiencias, encontrarán ustedes una constante felicidad; entonces ya no estarán agobiados por el peso de los recuerdos que impiden la acción. Vivirán en la integridad del tiempo. Eso, para mí, es la inmortalidad… Sólo cuando la mente se ha desenredado de la ilusión, existe el éxtasis de la vida perdurable… Sólo cuando la mente y el corazón estén libres de la idea del logro, idea nacida del esfuerzo, la opción y la ganancia, sólo cuando uno esté libre de esa idea, existe una vida eterna, la cual no es una finalidad, sino un devenir perpetuo, una perpetua renovación… Sólo cuando la mente es absolutamente flexible, cuando está libre de todas las opciones, cuando la acción es completa, conocerá uno ese éxtasis viviente, esa realidad infinita, la perpetua renovación, el perpetuo devenir, la vida eterna… Para mí, la inmortalidad, ese devenir eterno, no tiene nada en común con la individualidad. Si el hombre puede liberarse de sus numerosas limitaciones, entonces esa libertad es la vida eterna; la mente y el corazón conocen la eternidad. Pero el hombre no puede descubrir la eternidad mientras exista la limitación”[1].

En lugar de vivir la vida sin la idea de tiempo, sin el concepto de yo, que implica según hemos visto la inmortalidad para Krishnamurti, nos interesamos por el más allá, según él “porque el vivir aquí ha perdido su significado profundo; en este mundo no hay plenitud de realización ni amor duradero, sino sólo conflicto y dolor. Por lo tanto, abrigan esperanzas en un mundo, el más allá, en el cual vivirán dichosamente, plenamente. A causa de que no han tenido una oportunidad de realización aquí, esperan poder realizarse totalmente en otra vida. O desean volver a encontrarse con aquellos que la muerte ha hecho que perdieran, lo cual no hace sino indicar el vacío que experimentan. Si yo digo que hay vida en el más allá y otro dice que no la hay, usted elegirá al que le ofrece la satisfacción mayor y, de este modo, se volverá un esclavo de la autoridad. El problema, pues, no está en saber si existe un más allá, sino en comprender aquí la plenitud de la vida que es eterna, en liberar la acción a fin de que no siga creando limitaciones… Si no comprenden el medio presente mediante su propia capacidad e inteligencia, escaparán naturalmente hacia el más allá o buscarán un guía y, de ese modo, anularán la belleza de la vida. A causa de que este medio en el que viven es restrictivo, explotador, cruel, ustedes encuentran un alivio en el más allá, en la búsqueda de guías, Maestros y salvadores… Está la idea religiosa que concibe la felicidad perdurable sólo en el más allá y sostiene que jamás encontraremos la felicidad aquí. A partir de eso, se han desarrollado creencias, credos, dogmas, salvadores y Maestros para conducirnos a esa felicidad perdurable. De ese modo, tenemos innumerables escapes a causa de los cuales el hombre es explotado”[2].

LASTIMAR:

¿Cómo podemos ser heridos, lastimados? Además del daño físico, está el psicológico. ¿Quién es el sujeto que se lastima? Para Krishnamurti, “el intelecto, que es pensamiento, crea la imagen [que da forma y refuerza al yo] que luego es susceptible de ser lastimada”[3].

¿Cuál es la causa por la cual somos susceptibles de ser heridos? Krishnamurti se pregunta: “¿por qué está uno encolerizado? Porque se siente herido, porque alguien ha dicho algo ofensivo. Y cuando alguien dice una cosa aduladora, nos sentimos complacidos. ¿Por qué nos ofendemos? Es por amor propio ¿Y por qué existe el amor propio? Porque tenemos una idea, un símbolo, una imagen de nosotros mismos, de lo que deberíamos ser, de lo que somos o de lo que no deberíamos ser. Creamos una imagen de nosotros mismos porque jamás hemos estudiado lo que de hecho somos. Creemos que deberíamos ser esto o aquello, el ideal, el héroe, el ejemplo. Lo que suscita cólera es que se ataque nuestro ideal, que tenemos de nosotros mismos. Y nuestra idea de nosotros mismos es nuestra evasión del hecho de lo que somos. Pero cuando observamos el hecho real de lo que somos, nadie puede herirnos. Estamos, viviendo siempre en un mundo de ideas, un mundo de mitos, y jamás en un mundo de realidad. Para observar lo que es, para verlo, para estar familiarizado efectivamente con ello, es necesario que no haya juicio, ni valoración, ni opinión, ni temor [es decir pensamiento]”[4].

¿Es Krishnamurti susceptible de ser lastimado? “Él [se refiere Krishnamurti a sí mismo, eludiendo utilizar la palabra ‘yo’] nunca ha sido lastimado pese a las muchas cosas que le sucedieron, halagos e injurias, amenazas y seguridad. No es que él fuera insensible o inconsciente. No tenía una imagen de sí mismo, ni conclusión ni ideología alguna. La imagen es resistencia, y cuando ésta no existe hay vulnerabilidad pero no hay heridas psicológicas. Uno no puede buscar ser vulnerable, altamente sensible, porque aquello que se busca y encuentra, es otra forma de la misma imagen. Se trata de comprender este movimiento total, no sólo verbalmente, sino que es necesario hacerlo con un discernimiento directo e instantáneo [no implica el tiempo como hemos visto]. Darse cuenta de su estructura íntegra sin reserva alguna. Ver la verdad de todo ello es el fin del constructor de la imagen. Se trata de comprender este movimiento total, no sólo verbalmente, sino que es necesario hacerlo con un discernimiento directo e instantáneo. Darse cuenta de su estructura íntegra sin reserva alguna. Ver la verdad de todo ello es el fin del constructor de la imagen”[5].

MATERIA Y ESPÍRITU:

Hablar sobre la materia y el espíritu nos puede dar luz sobre el tema de la identidad. Krishnamurti se refiere a estos conceptos diciendo que “el mundo se halla desgarrado entre dos grupos: aquellos que creen que la vida material es de fundamental importancia –la vida material de la sociedad, la modificación del entorno, el reacondicionamiento del hombre al ambiente-, y aquellos que conceden primordial importancia a la vida espiritual… Debemos liberarnos de ambos condicionamientos: del que nos hace creer que la importancia fundamental radica en la vida material de la sociedad, y del que nos hace creer que es de primordial importancia la vida espiritual, la vida del espíritu. A fin de encontrar la verdad, debemos liberarnos de ambos condicionamientos… Descubrirlo es, evidentemente, de importancia fundamental para cada ser humano responsable y serio, porque de esto dependerá su acción; y para ello, uno tiene que estudiarse a sí mismo y estar alerta así mismo cuando actúa… Para descubrirlo uno debe estudiar sus propias acciones, sus pensamientos y sentimientos. En otras palabras, tiene que haber conocimiento propio; no el conocimiento que se encuentra en un libro, que se recoge de diversas fuentes, sino el que surge en el vivir de día en día, de instante en instante, ese conocimiento respecto del ‘yo’, cualquiera que sea el nivel en que uno lo sitúe”[6].

MEDIO:

¿Qué relación tiene el medio con la construcción de nuestra identidad, con la idea que tenemos de nosotros, con lo que nos sentimos? Para Krishnamurti, debemos averiguar si el ‘yo’ es algo permanente y eterno. Para él, la conciencia limitada no es eterna. “Es el resultado de un medio falso y de creencias falsas… Cuando ustedes hablan acerca del ‘yo’, de ‘lo mío’, mi casa, mi disfrute, mi esposa, mi hijo, mi amor, mi temperamento, ¿qué es eso? No es otra cosa que el resultado del medio… La conciencia del ‘yo’, no es sino la falta de comprensión respecto del medio… Mientras la mente –que es inteligencia- se halla cautiva de la memoria –que es la conciencia del ‘yo’-, existe la búsqueda de lo falso por parte de lo falso. Este ‘yo’, como lo he explicado, es la falsa reacción al medio… Ustedes están buscando la perpetuación de esa conciencia que es el resultado del medio y a la cual llaman el ‘yo’”[7].

MEMORIA:

¿Qué relación tiene el yo con la memoria? La memoria refuerza el yo, nuestra identidad. Cada vez que volvemos la vista hacia el pasado, nos identificamos con un sujeto que recuerda; dicho sujeto es y refuerza la idea que estamos viviendo de nosotros. ¿Qué es el yo en tanto que memoria? Para Krishnamurti, “Si uno se mira realmente a sí mismo, ve que es una masa de experiencias acumuladas, de ofensas, de placeres, ideas, conceptos, palabras. Eso es lo que somos: un manojo de recuerdos”[8].

¿Cómo colabora la memoria en la consolidación del yo, reforzando las estructuras condicionadas que cristalizan en una falsa identidad? Para Krishnamurti, “la memoria se extiende a lo largo del tiempo, coagulándose y solidificándose en la conciencia egocéntrica del ‘yo’. Cuando hablamos del ‘yo’, de eso se trata. Es la cristalización, la solidificación de la memoria de nuestras reacciones, las reacciones de la experiencia, los incidentes, las creencias, los ideales; después de convertirse en una masa solidificada, esa memoria se identifica y confunde con la mente. Si reflexiona sobre ello lo verá, la conciencia egocéntrica, esa conciencia de lo individual, el ‘yo’, es nada más que el manojo de la memoria, y el tiempo no es sino el campo donde esa memoria puede funcionar y actuar… La mente es inteligencia, pero la memoria se ha impuesto sobre la mente. Esto es, siendo la memoria esa conciencia del ‘yo’, se identifica a sí misma con la mente, y la conciencia del ‘yo’ viene a ser como si estuviera entre la inteligencia y la mente, dividiendo, embotando, bloqueando y falseando la inteligencia. De este modo, identificándose a sí misma con la mente, la memoria trata de convertirse en inteligencia, lo cual, para mí, es erróneo –si es que puedo usar aquí la palabra ‘erróneo’- porque la mente misma es inteligencia, y es la memoria la que corrompe la mente y, de tal manera, oscurece a la inteligencia… Cuando usted se refiere al ‘yo’, ¿qué entiende por ‘yo’? Entiende el nombre, la forma, ciertas virtudes, idiosincrasias, ciertos prejuicios y recuerdos. En otras palabras, el ‘yo’ es nada más que muchas capas de la memoria, el resultado de la frustración, de la acción limitada por el medio, la cual origina insuficiencia y dolor. Estas numerosas capas de recuerdos, de frustraciones, se convierten en la conciencia limitada que ustedes llaman el ‘yo’”[9].

MIEDO:

El miedo está relacionado con la identidad, porque “cuando existe la búsqueda de seguridad, hay temor, y ese temor crea la conciencia continua de lo que llamamos el ‘yo’”[10].

No sólo el miedo, sino que hay una serie de conductas y procesos mentales inadecuados que están unidos al yo como indica Krishnamurti cuando afirma que “el ‘yo’ es nada más que la forma, el nombre, ciertas cualidades y recuerdos, ciertos temores y prejuicios, ciertos deseos limitados, ciertas acciones incompletas. Todo esto compone el ‘yo’, el cual se convierte en la conciencia limitada, el ego”[11].

¿Podemos utilizar el tiempo para eliminar de nuestra vida el temor y así dar fin al yo, o realmente el tiempo es creación del yo? Para Krishnamurti, “el ‘yo’ teje la red del tiempo y el pensamiento queda atrapado en ella. La insuficiencia del ‘yo’, su dolorosa vacuidad, es el origen de nuestro miedo a la muerte y a la vida. Este miedo está siempre con nosotros, en nuestras actividades, en nuestros placeres y en nuestro dolor. Estando muertos, buscamos la vida, pero la vida no se encuentra en la continuidad del ‘yo’. El ‘yo’, el hacedor del tiempo psicológico, debe ceder a lo intemporal… El ‘yo’ parece ser una entidad única, pero si logramos disminuir el ritmo veloz de sus actividades, percibiremos que no es una entidad única, sino que está compuesto de muchos deseos separados y muchas búsquedas compitiendo entre sí. Estos deseos y esperanzas, temores y alegrías, todos separados unos de otros, componen el ‘yo’”[12].

OBSERVADOR-PENSADOR:

¿Cómo surge el pensador separado del pensamiento? Para Krishnamurti, “cuando la mente comienza a observar sus propias reacciones, motivos, exigencias, impulsos, y las experiencias que ha acumulado en forma de memoria, surge una división entre el observador [el yo] y la cosa observada [el pensamiento]”[13].

Krishnamurti utiliza en sus textos los conceptos de observador, pensador, conocedor, analizador, experimentador, controlador, buscador, censor y centro como sinónimos del yo o la identidad: “si están silenciosamente alerta entonces el pensador y su pensamiento son una sola cosa, no están separados, son indivisibles… Nuestro siguiente interrogante es cómo poner fin al pensador. Pero ese interrogante mismo es erróneo, porque el que lo plantea sigue siendo el pensador, quien de ese modo se da continuidad a sí mismo. Sólo cuando el pensador se percata de sus propias actividades, sólo entonces, llega a su fin. Ante una gran belleza o en momentos de gran dolor, el pensador queda alejado y, dentro de ese periodo, hay un sentido extraordinario de infinita felicidad y bienaventuranza. Este momento creativo origina una revolución duradera. Tal estado de ser, en el que se halla ausente el pensador, genera renovación. En este silencio, cuando el pensador está ausente, se manifiesta la realidad… Persiga un pensamiento completamente hasta su mismo fin. Examínelo plenamente, sondéelo y descubra por sí mismo qué ocurre. Encontrará que no hay, en absoluto, un pensador. Porque, cuando el pensamiento cesa, el pensador no existe. Creemos que hay dos estados, tales como el pensador y el pensamiento. Estos dos estados son ficticios, irreales. Sólo hay pensamiento, y el haz de pensamientos crea al ‘yo’, al pensador. El pensador, habiendo adquirido permanencia, trata de cambiar el pensamiento, de modificarlo y, con eso, de mantenerse él. Pero, si cada pensamiento es examinado y sondeado a fondo, sin resistencia alguna, sin optar, sin censurar, entonces no existe una entidad como el pensador. Cuando el pensamiento deja de crear el pensador, ése es el estado de experimentar. Es acción en la que no hay experimentador ni experiencia”[14].

¿Qué relación tiene el observador con el tiempo? ¿Se puede terminar con el observador? “Por vivir el observador en el pasado y en el presente tocado por el pasado, es por lo que hay división entre el observador y lo observado. Esta división, este espacio, este intervalo de tiempo entre ambos toca a su fin sólo cuando hay otra cualidad que no es del tiempo en modo alguno, que no es del pasado ni del presente; entonces el observador es lo observado, lo cual no es un proceso de identificación con esto último”[15].

Si llevamos la atención hacia nosotros podemos darnos cuenta de cómo funciona la mente y así poner fin a la separación, a la dualidad que genera el conflicto y hace emerger la identidad: “cuando el hombre se dé cuenta del movimiento de su propia conciencia, verá la división entre el pensador y el pensamiento, entre el observador y lo observado, entre el experimentador y la experiencia, y descubrirá que esta división es ilusoria. Entonces existe únicamente la observación pura, que es discernimiento directo sin vestigio alguno del pasado. Este discernimiento intemporal origina un cambio radical y profundo en la mente”[16].

PALABRA:

¿Qué relación tiene lo que nosotros sentimos que somos con la palabra yo? El yo es una palabra que utilizamos cuando nos referimos a nosotros pero sin tener claro su significado real, por eso lo más lúcido sería prescindir de ella, de esa forma disminuiríamos el yo –la imagen ficticia que tenemos de nosotros- y por lo mismo nuestro condicionamiento, que es lo mismo que decir nuestra confusión. En los siguientes textos Krishnamurti se refiere a la relación de la palabra con el yo: “cuando uno observa ese ‘yo’, ve que es un haz de recuerdos, de palabras huecas”[17]; “El ‘yo’ es la palabra, el ‘yo’ es la estructura imaginaria del pensamiento”[18]; “El ‘yo’ es la palabra. Eliminen la palabra y ¿qué es el ‘yo’?”[19]; “el ‘yo’ es la acumulación de las palabras, de las imágenes, de los recuerdos de mil ayeres”[20]; “el yo es la imagen, el cuadro, la palabra que pasa de generación en generación”[21].

PASADO:

Para Krishnamurti debemos morir al pasado, puesto que el pasado es la matriz originaria de nuestro condicionamiento el cual crea esa identidad desde la cual nos vivimos. El pasado es un conjunto de acumulación de experiencias que dan nacimiento al yo. “Lo importante es morir para todo lo que uno ha acumulado, porque esta acumulación es el ‘yo’, el ego, el ‘mí’. Si no termina esta acumulación, existe la continuidad del deseo de estar seguro, como existe la continuación del pasado”[22].

Krishnamurti se refiere también a la importancia del pasado en el surgimiento del yo en otros textos: “El pensamiento, que debe moverse constantemente, se liga al pasado o al futuro, y de esto surge esa conciencia limitada, el ‘yo’, que no es sino insuficiencia”[23]; “el ‘yo’ se vuelve importante cuando adquieren suma importancia el pasado o el futuro”[24]; “¿es el pasado diferente del ‘yo’? ¿Es el pensador, el observador, el experimentador, diferente del pasado? Lo pasado es la memoria, todas las experiencias de uno mismo, las propias ambiciones, el residuo racial, la tradición heredada, los valores culturales, las influencias sociales; todo eso es el pasado, todo eso es la memoria. Está ahí, tanto si somos conscientes como si somos inconscientes de ello. Luego, ¿es la totalidad de todo eso diferente del ‘yo’ que dice, ‘quiero estar libre del pasado’?”[25]; “existe el ‘yo’ que es el peso muerto del pasado, y usted dice que está viviendo en el presente. ¿Qué es la cosa que dice: ‘estoy vivo’, esa conciencia que dice ‘estoy viviendo’, aparte del organismo físico, que tiene sus propias reacciones, su propia motivación? ¿Qué es la cosa que dice ‘estoy vivo’? ¿Es el pensamiento, es el sentimiento? Si es el pensamiento, es evidente que éste siempre es lo viejo. Si lo viera usted en realidad lo mismo que siente el hambre, entonces vería que lo que está viviendo es sólo una continuación modificada del pasado, es el pensamiento”[26].

PENSAR:

En lo relativo al pensamiento, la enseñanza de Krishnamurti es original, puesto que considera el pensar como una patología, que surge desde una mente confusa y condicionada y desde la confusión y el condicionamiento no se pueden tener pensamientos lúcidos, porque la mente condicionada no ve la realidad y está cargada de prejuicios. Krishnamurti se pregunta: “¿es ese ‘yo’ parte de la conciencia, parte del pensamiento? Yo digo que sí. El pensamiento es parte de ello. El pensamiento es el ‘yo’, excepto donde el pensamiento funciona tecnológicamente, donde no hay ‘yo’. En el momento en que usted se aleja del campo científico, llega al ‘yo’, que es parte de la herencia biológica… Nosotros vemos que la conciencia es el ‘yo’. La totalidad de ese campo es el ‘yo’. En el campo, el ‘yo’ es el centro…”[27].

El pensamiento, que debe moverse constantemente, se liga al pasado o al futuro, y de esto surge esa conciencia limitada, el ‘yo’, que no es sino insuficiencia: “somos pensamientos-sentimientos siempre cambiantes y contradictorios: amor y odio, paz y emoción violenta, inteligencia e ignorancia (…). Ahora bien, en todo esto, ¿cuál es el ‘yo’? ¿Escogeré lo más agradable y descartaré el resto? ¿Quién es el que debe comprender estos ‘yoes’ contradictorios y conflictivos? ¿Hay un ‘yo’ permanente, una entidad espiritual aparte de estos? Ese ‘yo’, ¿no es también el resultado continuo del conflicto de múltiples entidades? ¿Hay un ‘yo’ que esté mucho más allá de todos los yoes’ contradictorios? La verdad de esto puede ser experimentada únicamente cuando los ‘yoes’ contradictorios son comprendidos y transcendidos… Las cualidades del ‘yo’ no están separadas del ‘yo’; el ‘yo’ no es algo aparte de sus pensamientos, de sus atributos”[28].

¿Es el ‘yo’ independiente de mi pensar? La respuesta de Krishnamurti es que “no, claro que no. El pensamiento es todo el movimiento de la experiencia, del conocimiento, y la memoria. Es este movimiento”[29]; “el pensamiento ha edificado toda la estructura de la memoria como el ‘yo’ y el ‘tú’, el ego, la personalidad, etc.”[30]; “el ‘yo’ es un producto del pensamiento, el cual carece de realidad propia”[31]; “el pensamiento es el ‘sí mismo’, es la palabra que se identifica como el ‘yo’ y, cualquiera que sea el nivel en que ese ‘yo’ esté situado, alto o bajo, sigue estando dentro del campo del pensamiento”[32].

¿Qué relación tiene lo que soy con el pensamiento? Para Krishnamurti, “yo soy el resultado del pensamiento. Todas mis actividades, lógicas, ilógicas y neuróticas, o altamente educadas y científicas, están basadas en el pensamiento. ‘Yo’ soy el resultado de todo eso”[33]; “somos el pensamiento de un nombre, el pensamiento de un cargo, el pensamiento del dinero; somos una simple idea. Suprimamos la idea, suprimamos el pensamiento y ¿qué es de nosotros? Somos pues, la personificación de un pensamiento en calidad de ‘yo’ y decimos que el pensamiento tiene que continuar, porque el pensamiento me va a permitir realizarme a mí mismo, que el pensamiento terminará por encontrar lo real”[34].

PERMANENCIA:

¿Es el yo permanente? ¿Cómo surge la permanencia? Para Krishnamurti “vivimos como si fuéramos diferentes de los recuerdos. Ése es el problema. Por recuerdos entendemos palabras, imágenes, símbolos, que son nada más que una serie de sensaciones, y vivimos a base de esas sensaciones. Por consiguiente, nos separamos de las sensaciones y decimos: ‘deseo experimentar esas sensaciones’, lo cual implica que el ‘yo’, habiéndose separado de los recuerdos, se adjudica permanencia a sí mismo. Pero no es permanente. Se trata de una permanencia ficticia… Ese ‘yo’ que se ha separado de la memoria dándose de ese modo permanencia, ese ‘yo’ mira al presente –mira el acontecimiento, la experiencia- y deriva del presente lo que le permite su condicionamiento pasado”[35].

¿Es el yo algo diferente de sus cualidades? “Las cualidades del ‘yo’ no están separadas del ‘yo’; el ‘yo’ no es algo aparte de sus pensamientos, de sus atributos. El ‘yo’ está armado, compuesto de partes, y el ‘yo’ no existe cuando las partes se disuelven. Pero, ilusoriamente, el ‘yo’ se separa de sus cualidades a fin de protegerse, de darse continuidad, permanencia. Se refugia en sus cualidades mediante el recurso de separarse de ellas”[36].

Al darnos cuenta de las capas del yo, de su impermanencia y cambio constante ¿podemos tomar contacto con lo profundo y auténtico que somos? Según Krishnamurti: “están aquellos que, al darse cuenta de la impermanencia del ‘yo’, afirman que lo permanente puede ser hallado si nos deshacemos de las numerosas capas del ‘yo’, lo cual requiere tiempo y, por consiguiente, se torna necesario reencarnar”[37].

¿Hay una necesidad de la mente por crear algo permanente que es vivido como nuestra propia realidad? Según Krishnamurti: “sólo hay pensamiento, y el pensamiento es impermanente. Viendo la impermanencia del pensamiento, la mente crea lo permanente, en forma de Atman, el yo superior, y todo lo demás, pero ello sigue siendo el proceso del pensamiento”[38].

Para Krishnamurti el yo surge por dos necesidades del cerebro según se manifiesta en el siguiente diálogo: “el cerebro necesita dos cosas: seguridad y un sentido de permanencia Interlocutor: ambas cosas son provistas por el yo. Krishnamurti: por eso éste se ha vuelto tan importante”[39].

PODER:

¿Qué es el poder? ¿Qué hay detrás de la búsqueda de poder y cómo se relaciona con el yo? “Las búsquedas de poder, posición, autoridad, ambición y todo lo demás son los aspectos del ego en todas sus distintas modalidades”[40];

Queremos el poder, porque el poder cumple diversas funciones, todas ellas en favor del yo como se manifiesta en los siguientes texto: “ser poderoso es dominar, subyugar, reprimir, sentirse superior, ser eficiente, etc. Consciente o inconscientemente, el asceta tanto como la persona mundana, sienten y luchan por este poder. El poder es una de las expresiones más completas del ego, tanto si es el poder del conocimiento como el poder sobre sí mismo, el poder mundano como el poder de la abstinencia”[41]; “toda sensación de poder, de dominación, da fuerza al ‘yo’, al ‘mi’ y a lo ‘mío’”[42].

REALIDAD:

¿Qué relación tiene el yo con la realidad? El yo es una imagen pero esta imagen es real, sólo que nosotros la confundimos con la realidad auténtica que somos. Según Krishnamurti: “el ‘yo’ es un estado de condicionamiento y limitación; por consiguiente, es irreal. La realidad es un estado que se halla libre del ‘yo’, del ‘sí mismo’”[43].

SEGURIDAD:

¿Qué es nuestra conciencia individual y cómo se relaciona con la seguridad? En Más allá del pensamiento (ver cita 125) Krishnamurti dice la seguridad es provista por el yo. En las Obras completas 1934-1935. Tomo I, afirma que “esta conciencia limitada es el resultado del conflicto entre el deseo y el medio, es decir, entre el presente y el pasado; esta conciencia es el producto de numerosas imposiciones, compulsiones a las que la mente se ha sometido en la búsqueda de seguridad”[44].

SENTIDOS:

¿Está el ‘yo’, dentro del campo de los sentidos? ¿O son los sentidos los que han creado al ‘yo’? para Krishnamurti “cuando los sentidos no se identifican con el pensamiento que, psicológicamente, forma el ‘yo’, entonces esos sentidos son naturales, normales, sanos. Ahora bien, esos sentidos sanos, ¿originarán una dimensión diferente?… ¿Puede el pensamiento no identificarse con los sentidos? Es obvio que puede. Veo un objeto hermoso -humano o no humano- y puedo observarlo sin decir: ‘tengo que poseerlo’. Desde luego, puedo; la mera observación es posible”[45].

¿Qué pasa con el acopio de información, quién la acopia y cómo se puede eliminar el condicionamiento mental que produce, una información que refuerza las estructuras mentales confusas producto de nuestro condicionamiento? Para Krishnamurti, “el hombre se ha quedado con sus sentidos y sus deseos y la vasta acumulación del conocimiento acopiado en el cerebro. Nos preguntamos, pues: ¿puede uno extirpar la tremenda acumulación de un millón de años? Pienso que eso es posible cuando todos los sentidos son excelentes y están totalmente despiertos. Entonces no hay un centro desde el cual pueda tener lugar una experiencia. Cuando no hay centro, existe un estado de no-experiencia, un estado de observación pura. Cuando todos los sentidos están altamente despiertos y operan, cuando son espléndidamente sensibles, entonces en ese estado no hay un centro donde esté involucrado el yo[46].

¿Cómo surge el yo de la sensación, del pensamiento, de la emoción? Según Krishnamurti: “no creo que las emociones -sensación- puedan producir una percepción de lo total… Cuando el pensamiento se identifica con la sensación, entonces se convierte en el yo. En el observar con todos nuestros sentidos, no hay identificación”[47].

SEXUALIDAD:

¿Cómo es que el sexo se ha convertido en un problema en nuestra vida? ¿Qué relación tiene la sexualidad con el yo? Para Krishnamurti el acto sexual nos permite abstraernos del yo que es vivido como problemático y por eso es buscada con avidez la relación sexual para huir de un yo que es vivido como problemático: “el acto sexual, el sentimiento que implica, ¿no es una forma de olvidarnos de nosotros mismos? En el acto sexual hay una fusión completa; en ese instante, hay una cesación total del conflicto; uno se siente plenamente dichoso, porque ya no experimenta como una entidad separada, y no está consumido por el miedo. Es decir, por un momento llega a su fin la conciencia del ‘yo’, y uno siente la claridad que trae consigo el olvido de sí mismo, el júbilo de la abnegación propia. Así es cómo el sexo se ha vuelto importante, porque en todas las otras direcciones uno vive una existencia de conflicto, de exaltación personal y frustración… El sexo es un problema porque parecería que en ese acto hay ausencia completa de ‘uno mismo’. Es un momento en el que somos dichosos porque cesa la conciencia egocéntrica, la conciencia del ‘yo’; y entonces deseamos más de ello, más de la abnegación del ‘sí mismo’, en la que hay felicidad completa, sin pasado ni futuro; y exigimos más de esa felicidad completa surgida de la fusión, de la integración. Es natural que el sexo se vuelva sumamente importante. Debido a que es algo que me brinda un júbilo puro, un completo olvido de mí mismo, quiero más y más de ello. ¿Por qué? Porque en todo lo demás estoy en conflicto, en todos los otros diferentes niveles de la existencia hay fortalecimiento del ‘yo’. Económica, social y religiosamente, está el constante fortalecimiento de la conciencia egocéntrica, lo cual implica conflicto. La conciencia del ‘yo’ es, inherentemente, el resultado del conflicto. En todo lo demás hay, pues, conflicto. En todas nuestras relaciones con la propiedad, con las personas y las ideas, hay conflicto, dolor, lucha y desdicha; pero en ese único acto hay cesación completa de todo eso. Es natural que deseemos más, ya que eso nos hace sentir felices, mientras que todo lo otro nos conduce a la desdicha, la agitación, el conflicto, el antagonismo, la confusión, el tormento, la destrucción; por lo tanto, el acto sexual se vuelve sumamente importante y significativo. De modo que el problema no es el sexo, por cierto, sino cómo liberarnos del ‘yo’. Hemos saboreado, así sea durante unos segundos o lo que fuere, ese estado del ser en el que no hay ‘yo’; y vemos que donde hay ‘yo’, hay conflicto, desdicha y lucha. Por consiguiente, existe el constante anhelo de más de ese estado libre del ‘yo’. Pero el problema central es el conflicto en diferentes niveles y cómo llegar a la abnegación del ‘yo’. Buscamos la felicidad, ese estado en el que el ‘yo’, con todos sus conflictos, esté ausente, y lo encontramos transitoriamente en ese acto. O bien nos disciplinamos, luchamos, controlamos, incluso nos destruimos a nosotros mismos, mediante la represión, lo cual implica que buscamos liberarnos del conflicto, porque con la cesación del conflicto hay júbilo. Si podemos liberarnos del conflicto, entonces la felicidad existe en todos los diferentes niveles de la existencia”[48].

SOCIEDAD:

La estructura social condiciona la formación y mantenimiento del yo. Según Krishnamurti: “este ‘yo’ que ha sido formado a través de los siglos por la estructura psicológica de la sociedad, es el resultado de presiones, influencias, propaganda, tradiciones”[49].

¿Qué relación tiene la sociedad con lo que somos? Krishnamurti dice que “sicológicamente somos el resultado de nuestro ambiente educativo y social. La sociedad, con sus códigos de moralidad, sus creencias y dogmas, sus contradicciones, conflictos, sus ambiciones, codicias, envidias, guerras, es lo que nosotros somos”[50].

SURGIR:

El yo surge para Krishnamurti en diferentes circunstancias por ejemplo por la limitación de la mente y las acciones derivadas de esa limitación que dan lugar a la decisión, al optar. “Cuando ustedes optan, como de hecho optan, esa opción crea meramente otro conjunto de circunstancias que se derivan en más conflicto y opción. Esta opción, nacida de la limitación, pone en marcha una nueva serie de limitaciones, y estas limitaciones crean la conciencia que es el ‘yo’, el ego… La memoria que existe cuando hay una acción incompleta, esta serie de recuerdos, estas capas de la memoria, componen la conciencia de sí mismo, el ‘yo’, desde el cual tienen lugar todas las acciones. Esta memoria, esta insuficiencia que está siempre grabándose en nuestras mentes y en nuestros corazones, crea el ‘yo’, es el origen del ‘yo’… El ‘yo’, la conciencia de sí mismo, ese ‘yo’ tan activo, no es más que un haz de corrupciones heredadas, de virtudes sociales y sus opuestos… En tanto la mente no haya descubierto por sí misma la verdad, los valores vivientes y genuinos, habrá limitación de la conciencia, de la comprensión, y esta limitación origina la idea del ‘yo’”[51].

Cuando hay obstáculos, conflictos y frustración, etc. todo lo cual produce sentimientos negativos, surge el yo. Los sentimientos negativos provocan la conciencia de yo y lo refuerzan como se ve en el siguiente texto de Krishnamurti: “¿qué es esta conciencia que llamamos el ‘yo’? ¿Cuándo están ustedes conscientes de ella? ¿Qué es esta conciencia? ¿Cuándo están ustedes conscientes de sí mismos? Cuando existe el conflicto, cuando hay un obstáculo, una frustración. Eliminen todas las frustraciones, todos los obstáculos, y entonces no dirán ‘yo’. Entonces estarán viviendo. Sólo cuando tienen conciencia del dolor están conscientes del cuerpo. Por lo tanto, cuando hay dolor, emocional o intelectualmente, tiene uno conciencia de sí mismo como algo separado”[52].

Mis posesiones y pertenencias, ¿qué relación tienen con el surgimiento del yo? Según Krishnamurti: “casi todos tenemos algo que proteger –amor, posesiones, ideales, creencias, conceptos, etc.-, lo cual contribuye a erigir esa resistencia que es el ‘yo’”[53].

El placer, la felicidad, los conflictos, la identificación, el dolor, la memoria… ¿cómo hacen surgir el yo? Krishnamurti dice que “cuando hay felicidad, uno no dice: ‘yo soy feliz’; sólo cuando la felicidad está ausente, cuando hay conflicto, uno adquiere conciencia de sí mismo… Sabemos cómo el ‘yo’ se forma y se fortalece a causa del principio del placer y el dolor, de la memoria, de la identificación, etc.”[54].

TIEMPO:

¿Qué relación tiene el tiempo con lo que nosotros somos? Para Krishnamurti, “nosotros no somos sino el resultado del proceso del tiempo. Cada uno toma del pasado, inspiración, guía y comprensión; el pasado actúa como un trasfondo, es el depósito de la experiencia, y la mente ha llegado a ser un mero registro de distintas lecciones de la experiencia… Lo que somos es producto del pasado en combinación con las acciones y reacciones del presente, conforme a las distintas formas de influencia”[1].

¿Quién es el sujeto de la acción estratégica que se programa para realizarla en el futuro? Para Krishnamurti, “el ‘yo’ y ‘lo mío’ pertenecen al tiempo, son el resultado de la acción con un objetivo en vista”[2].

El yo es el resultado de experiencias pasadas con todo su trasunto psicológico como se ve en el siguiente texto: “el ‘yo’ es el producto del tiempo, de un millar de experiencias, un millar de contradicciones, combates, ansiedades, el resultado del sentimiento de culpa, del dolor, la desdicha, el placer. Es el residuo del pasado, con todos sus temores”[3].

¿Puede uno desembarazarse de la influencia del tiempo? Para Krishnamurti, “la comprensión del proceso total del ‘yo’ consiste en comprender la interrelación en la vida diaria; y esa comprensión libera la mente del tiempo. Así la mente es capaz de ‘vivenciar’ la realidad de instante en instante, lo cual no es un proceso de recordación y ya no puede definirse como ‘experiencia’”[4]. En las Obras Completas 1933-1934. Tomo I, añade: “si uno está viviendo sin el sentido del ‘yo’, lo cual implica el descubrimiento de los valores genuinos, entonces ya no está limitado por el tiempo. Ahora, estamos limitados por el tiempo”[5].

RESUMEN: glosario de los conceptos tratados anteriormente relativos a la identidad en Krishnamurti:

  • Amor: el amor implica la ausencia del yo. Si el yo está presente, tendremos una imagen de nosotros y esa misma imagen la proyectaremos en nuestros seres queridos. Si tenemos una imagen de nuestros padres, hermanos, nuestra pareja o de nuestros hijos, esa misma imagen es un obstáculo para el amor. El sujeto que ama es el yo. El amor auténtico, sólo es posible sin motivos ni métodos. Es algo que emerge si nos vivimos sin ningún tipo de identidad.
  • Acción: actuamos desde un centro. Vivimos desde un falso yo así que la acción es parcial. Es reacción, es decir es producto de nuestro condicionamiento. Esta acción parcial crea una memoria que retiene las experiencias vividas desde el yo falso que dará lugar a un reforzamiento de ese yo creando un círculo vicioso que aumenta nuestro condicionamiento y refuerza la imagen falsa que tenemos de nosotros introduciendo más confusión en nuestra mente.
  • Actor: el actor actúa desde la memoria. Adapta poses, representa un papel, un carácter, pero en puridad el actor no existe. Sólo existe la acción. El actor que se adjudica esa acción, el observador, el pensador… no existe más que en las estructuras de una mente confusa.
  • Anhelo: el yo crea el anhelo y el anhelo refuerza al yo en un proceso de retroalimentación mutua. El yo es una colección de recuerdos, de tendencias que nacen del anhelo.
  • Autoconocer: es importante conocernos, pero somos incapaces de hacerlo porque no podemos mirarnos sin condenarnos, compararnos y evaluarnos. Si somos capaces de mirarnos sin que participe el pensamiento, entonces es posible el autoconocimiento que permite la superación del yo.
  • Autoprotección: el yo tiene una serie de cualidades que valora como negativas de las cuales se separa, considerándose diferente de ellas, con el fin de protegerse, pero esta separación no hace sino fortalecer el yo. También el yo se identifica con cualidades positivas que refuerzan el propio yo, dándole más consistencia y asentando las estructuras mentales que lo producen.
  • Carácter: el carácter se moldea por las influencias del medio. Es producto de los conflictos cotidianos. Se opone a la inteligencia y constituye una resistencia para una vida más plena.
  • Comprender: para comprender al yo debemos evitar los movimientos del pensamiento, ya que estos movimientos nos hacen fortalecer el yo más que comprenderlo. La mente sólo puede comprender el yo cuando está en completo silencio, pero un silencio que no es una experiencia del yo, ya que entonces sólo fortalecería al yo. Es un silencio sin sujeto. Sin la participación del pensar que adjudica la experiencia al pensador, es decir al yo, que así se refuerza.
  • Conflicto: la raíz del conflicto es la división entre el observador y la cosa observada. El individuo, como ‘yo’, nace del conflicto. Éste crea al individuo como algo separado del grupo, de la comunidad. Los conflictos crean una memoria que se activa poniéndose a la defensiva lo que refuerza el yo.
  • Consideración: la consideración es producto de la identidad. No queremos que nos hagan daño, queremos caer bien, que los demás nos quieran… todas son conductas que refuerzan al propio yo. Cuando estamos atentos dejamos de considerar a los demás y nos relacionamos de forma auténtica.
  • Continuidad: el yo no es una entidad permanente, es una invención de la mente. No obstante queremos que el yo continúe, que sea cada vez más perfecto. El yo es un compuesto de elementos diversos; tiene una continuidad dada por la memoria.
  • Creatividad: la creatividad implica la ausencia de yo. Surge cuando hay un olvido total de uno mismo. Cuando el yo está ausente existe la posibilidad que surjan las conductas creativas desde las estructuras inteligentes de nuestra mente.
  • Deseo: el deseo renueva a cada instante el proceso del ‘yo’ Éste ‘yo’ se mantiene a sí mismo mediante el deseo, las tendencias, la ignorancia. Más aún, el ‘yo’ mismo es deseo.
  • Devenir: el ‘yo’ que deviene crea el tiempo, es la causa del conflicto y del dolor.
  • Dios: Krishnamurti identifica a Dios con la felicidad, la perfección, la realidad, lo desconocido. El ‘ego’, que es un compendio de lo conocido, que es memoria, solo puede conocer sus propias proyecciones, pero no puede conocer a Dios.
  • Discernimiento: para solucionar los numerosos problemas que crea el yo necesitamos el discernimiento de la mente, lo cual implica la ausencia de tiempo. Si la mente entiende desde las estructuras inteligentes –proceso silente del cual no somos conscientes- se puede manifestar esa comprensión, ese discernimiento producto de los procesos internos de la mente, cuando la propia mente toma contacto con el área de la palabra y entonces es posible tomar contacto con la comprensión o discernimiento, llevando la atención hacia nosotros para ver lo que nos quiere comunicar nuestra propia mente.
  • Disciplina: nos disciplinamos, pero la disciplina sólo sirve para fortalecer el yo, ya que la disciplina que nos imponemos emerge de una mente confusa que tiene como sujeto de esa imposición al yo. Si vemos esto entonces nos liberamos de la disciplina. Es decir que la única disciplina es ver la realidad.
  • Dolor: de la idea del ‘yo’, y sus limitaciones brota el dolor. El sufrimiento es la expresión del yo; es el propio yo. Cualquier actividad que dé énfasis al yo, al ego, trae dolor
  • Energía: el yo aparece cuando hay un registro de todo aquello que no es necesario eso significa la intensificación de la energía en el yo, lo cual es siempre un factor de distorsión. Esta energía está separada de la experiencia y crea sus propias limitaciones por medio de los deseos que ella alimenta. Existe otra energía la cual no tiene comienzo que crea su propia sustancia o material, la cual está constituida por la sensación, el discernimiento y la conciencia.
  • Espacio: conocemos el espacio en nosotros como un centro y una circunferencia. Ese centro es el observador, el pensador, el experimentador. Si no tenemos el yo no hay obstáculos para la relación puesto que el espacio no tiene limitaciones.
  • Ética: detrás de nuestros valores, de nuestra moral, está nuestro yo agresivo y dominador, creciendo y expandiéndose.
  • Evolución: aunque parezca que evolucionamos, permanecemos con nuestro ego, con nuestra identidad como algo fijo siendo el yo un centro de limitación y frustración.
  • Final: el yo puede desaparecer cuando exista la comprensión del medio. No por el esfuerzo ya que si pretendo desecharlo, esa acción refuerza al yo.
  • Fragmento: un fragmento de los muchos fragmentos que forman parte de nuestra mente, se convierte en la autoridad, el censor, el observador, el examinador, el pensador. Posteriormente existe un conflicto creado por el esfuerzo para reunir los diversos fragmentos, pero esa integración carece de sentido. La integración significaría la desaparición del yo.
  • Identificación: el ‘yo’ carece de existencia si no se produce el proceso de la percepción, contacto, deseo y la identificación. Una vez que el ego emerge, quiere poseer ya que sin posesiones el yo no existe. El yo se aliena en las posesiones con las que se identifica. El yo es los muebles, la virtud, el nombre, etc.
  • Ignorar: el yo es el resultado de acciones incompletas, de la ignorancia; y la ignorancia se mantiene mediante las actividades que ella misma crea.
  • Imagen: cuando estoy alerta a la imagen que vivo de mí, la imagen no existe. Es el pensamiento el que ha creado la imagen, y el que dice que hay un yo que es permanente.
  • Inmortalidad: para Krishnamurti la inmortalidad es vivir sin identidad y vivir sin identidad es vivir en un estado sin tiempo. Si nos liberamos de nuestras limitaciones, entonces la mente y el corazón conocen la eternidad.
  • Lastimar: nos ofendemos por amor propio y tenemos amor propio porque tenemos una idea, un símbolo, una imagen de nosotros mismos, de lo que deberíamos ser, de lo que somos o de lo que no deberíamos ser. Uno no es lastimado cuando no tiene una imagen de sí mismo, ni conclusión ni ideología alguna.
  • Materia y espíritu: las personas tienen concepciones diferentes sobre estos conceptos. Según Krishnamurti debemos liberarnos de nuestro condicionamiento, de nuestros prejuicios. Indagar en estos temas sólo es posible a través del propio conocimiento, es decir dándonos cuenta de lo que hacemos, sentimos y pensamos.
  • Medio: el yo es el resultado de un medio falso y de creencias falsas La conciencia del yo, no es sino la falta de comprensión respecto del medio.
  • Memoria: somos un manojo de recuerdos, que conforman la memoria la cual se extiende a lo largo del tiempo, se coagula y solidifica en la conciencia egocéntrica del yo.
  • Miedo: nuestros deseos, esperanzas, temores y alegrías, componen el yo. La insuficiencia del yo y su dolorosa vacuidad son el origen de nuestro miedo.
  • Observador-pensador: cuando la mente comienza a observar sus propias reacciones, motivos, exigencias, impulsos, y las experiencias que ha acumulado en forma de memoria, surge la división entre el observador y la cosa observada, pero si estamos silenciosamente alerta, entonces el pensador y sus pensamientos son una sola cosa. El pensador termina cuando nos percatamos de nuestras propias actividades sin adjudicarlas a un sujeto que las vivencia. Es simplemente un proceso de darse cuenta sin sujeto.
  • Palabra: el yo es un haz de recuerdos, de palabras huecas; es la estructura imaginaria del pensamiento.
  • Pasado: según Krishnamurti, debemos morir para todo lo que hemos acumulado en el pasado, porque esta acumulación es el yo. El yo es el peso muerto del pasado.
  • Pensar: el pensamiento es el yo, excepto donde el pensamiento funciona tecnológicamente, donde no hay yo. Las cualidades del yo no están separadas del yo, ya que el yo no es algo aparte de sus pensamientos, de sus atributos.
  • Permanencia: el yo surge por la necesidad de seguridad y un sentido de permanencia que emerge cuando ese yo se separa de la memoria.
  • Poder: la búsqueda de poder, posición, autoridad, ambición son los aspectos del ego en todas sus distintas modalidades y toda sensación de poder, de dominación, da fuerza al yo.
  • Realidad: el yo, que es un estado de condicionamiento y limitación es irreal. La realidad se halla libre del yo. Tanto la realidad que somos como la realidad que vivimos desde el yo como sujeto.
  • Seguridad: el yo es producto de las numerosas imposiciones y compulsiones a las que la mente se ha sometido en la búsqueda de seguridad.
  • Sentidos: cuando los sentidos no se identifican con el pensamiento que forma el yo, entonces esos sentidos son naturales, normales, sanos. Cuando el pensamiento se identifica con la sensación, entonces se convierte en el yo.
  • Sexualidad: el acto sexual es una forma de olvidarnos de nosotros mismos y así el individuo utiliza la sexualidad para evadirse de su yo problemático. Pero el problema no es el sexo, sino cómo liberarnos del ‘yo’ con sus conflictos en aumento.
  • Sociedad: el yo ha sido formado a través del tiempo por la estructura psicológica de la sociedad y por ello somos el resultado de nuestro ambiente educativo y social.
  • Surgir: el yo que no es más que un haz de corrupciones heredadas, de virtudes sociales y sus opuestos, surge cuando optamos. Se forma y fortalece a causa del principio del placer y el dolor, de la memoria, de la identificación.
  • Tiempo: lo que somos es producto del pasado en combinación con las acciones y reacciones del presente, conforme a las distintas formas de influencia. No estar limitado por el tiempo implica el descubrimiento de los valores genuinos.

SEGUNDA PARTE. SER.

CONCEPTOS.

AUTOCOMPRENSIÓN:

Para la comprensión del ser auténtico debemos dejar de lado todo tipo de identificaciones que son el refuerzo fundamental de la identidad o falso yo. Según Krishnamurti: “si no tenemos creencias con las que la mente se haya identificado, entonces la mente, sin identificación, es capaz de mirarse y verse tal como es, y eso implica, sin duda, el principio de la compresión de nosotros mismos”[1].

DEVENIR:

El devenir, el querer ser algo en el futuro, es un obstáculo en la emergencia del ser auténtico, es más un reforzamiento de la identidad falsa, por ello el devenir debe terminar. En las Obras completas 1945-1948. Tomo IV, Krishnamurti dice que “el devenir jamás puede transformarse en ser. El devenir, la expansiva y limitadora actividad del ‘yo’, debe cesar; entonces existe el ser. Este ser no puede ser pensado, imaginado; el pensar mismo al respecto es un obstáculo; todo cuanto el pensamiento puede hacer es estar alerta a su propio complejo y sutil devenir, a su propia y astuta inteligencia y a su voluntad… El ser puede ser comprendido únicamente cuando cesa el devenir… El ser existe en la comprensión de lo que es… En el ser, hay cesación del tiempo; por lo tanto, es un estado de transformación inmediata… Únicamente cuando cesa la ideación, existe el ser, y este ser es la transformación inmediata que sólo la verdad puede darnos”[2].

¿Qué relación tiene el devenir y el ser? “Devenir y ser son dos estados ampliamente diferentes, y no podéis ir del uno al otro; pero con la terminación del devenir, el otro estado existe”[3].

La lucha que entablamos por ser otra cosa, es una batalla perdida porque utilizamos el pensamiento el cual por su propia característica es dual y divisorio y al final conseguimos llegar a ser más de lo mismo y aumentar nuestra propia confusión. A eso se refiere Krishnamurti cuando dice que “el deseo de devenir, de llegar a ser, es una lucha vana si no se comprende la dualidad”[4]. En Comentarios sobre el vivir. Primera serie, dice que “no hay ser si hay una lucha por ser”[5].

¿A qué se debe que estemos tratando siempre de ser otra cosa diferente de lo que somos y no obstante no estar dispuesto a soltar lo que somos? Según Krishnamurti: “todos estamos tratando de alcanzar algo; físicamente, deseamos una casa mejor, una mejor posición con mayor poder, un status más alto. Biológicamente, si no nos sentimos bien, queremos llegar a sentirnos bien. Psicológicamente, todo el proceso interior del pensamiento, de la conciencia, todo el impulso que nos mueve internamente, consiste en reconocer que uno realmente no es nada y en escapar de ello tratando de ‘llegar a ser’ algo… Ese proceso involucra al tiempo. El cerebro está programado para esto. Toda nuestra cultura, nuestras sanciones religiosas, todo dice: ‘devenir’. Es un fenómeno que puede verse en todo el mundo. No sólo en este mundo occidental sino en Oriente, cada cual está tratando de devenir, o

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de ser, o de huir de algo. Entonces, ¿es ésta la causa del conflicto interno y externo? Internamente, existe esta imitación, esta competencia, este conformarse a un ideal; externamente, tenemos esta rivalidad entre los llamados individuos de un grupo contra los de otro grupo, de una nación contra otra. Interna y externamente siempre existe este impulso de devenir y de ser”[6].

ESENCIA:

En Dentro de la mente, en el epígrafe El budismo y el conocimiento propio Jagannath Upadhyaya, habla de los dos aspectos: la esencia que es lo que el individuo es y la talidad que es el individuo en tanto que vive en un mundo concreto resaltando que cualquiera de los dos conceptos para Krishnamurti son en sí mismos impermanentes. Para Upadhyara, el budismo no reconoce el atman en el sentido clásico, sánscrito de Bharatiya dharma, sino que lo ve como el ‘yo’, el ‘sí mismo’. ¿Qué es este ‘yo’ en el contexto budista? A mi parecer, en vez de usar la expresión ‘yo soy’, deberían usarse las palabras ‘esencia’ (is-ness) y ‘talidad’ (suchness). Porque el ‘yo soy’ está personalizado, individualizado, mientras que ‘esencia’ (es-encia se deriva del latín esse, que significa ser. N. del T.) incluye tanto el ‘yo soy’ como todo el campo de la existencia contenido en la matriz de esa palabra. Cuando uno discute tal ‘esencia’ en el contexto budista, discute tanto la existencia individual como el sentido del mundo manifestado. El budismo no reconoce ni acepta una investigación del ‘yo’ separada de una investigación en la existencia misma. Cualquier indagación que tenga lugar con respecto a la existencia, incluye una investigación en el sí mismo y en el mundo manifestado. Éste contiene tanto la vida individual como la existencia… La ‘esencia’ es dinámica, es un movimiento. En el sentido budista, es considerada un flujo, algo impermanente. Se acepta la calidad omnipenetrante de su naturaleza. Para nosotros, J. Krishnamurti es comprensible a causa de nuestra comprensión del concepto budista de anatha (impersonalidad). La razón principal es ésta: sentimos que Krishnamurti no se interesa en ninguna presunción de permanencia… Puede decirse que, aquello que es ‘talidad’ no es ilusión. ‘Talidad’ es aquello que es como es. Lo que permanece en su ser es ‘talidad’. Y lo que es ‘talidad’ no es ilusión. Lo que no es ilusión, lo que es total, lo que es verdad, eso es lo real. ¿Qué es esa ‘esencia’? Aquello que es como es, es. Esa cosa, ese objeto, esa persona, cuando es lo que es, es lo verdadero… Sólo la ‘esencia’ cumple un propósito. Una silla es aquello que proporciona un asiento. Un altavoz es lo que amplifica las voces. Por lo tanto, la existencia de estas cosas depende de su uso, sin el cual no cumplen con su propósito y, en consecuencia, no puede decirse que existen… Cuando veo el mundo, digo que estoy observando el mundo, por cuanto toda mi vida, mi ser, mi mente, son el depósito del pasado. Ver la esencia significa aprehender todo el mundo objetivo desde esta posición sin dejar que el pasado interfiera. Ver sin distorsión lo que es, es el estado que el pensamiento budista ha considerado esencial para la correcta percepción de la existencia[7].

¿Qué relación tiene la enseñanza de Krishnamurti con la esencia del ser?

Según el Pandit Jagannath Upadhyaya, erudito Mahayana en la tradición de Najarjuna: “nosotros tenemos que entender la dialéctica de Krishnamurti, pero la esencia de Krishnaji [de su enseñanza] es la belleza, un desbordamiento total del ser”[8].

LLEGAR:

¿Qué significa llegar a ser? Para Krishnamurti, “el llegar a ser, es el proceso psicológico inventado por el pensamiento. Y de ahí que todo el proceso sea mecánico”[9].

¿Cómo repercute la sociedad y como se alimenta ese deseo de llegar a ser?: “nuestra estructura social y religiosa se basa en el impulso de ‘llegar a ser’ algo, positivo o negativamente. Tal proceso es el alimento mismo del ego, por medio del nombre, la familia, el logro personal a través de la identificación del ‘yo’ y ‘lo mío’, que causa siempre conflicto y dolor”[10].

¿Consiste el llegar a ser en cambiar una imagen por otra? Krishnamurti se pregunta: “¿qué es lo que hay para ‘llegar a ser’? Comprendo que yo pueda llegar a ser más saludable, que pueda llegar a tener más largo mi cabello, pero psicológicamente, ¿qué hay para ‘llegar a ser’? ¿En qué consiste el llegar a ser? ¿En cambiar imágenes? ¿Cambiar una imagen por otra imagen? Evidentemente sí. Pero si yo no tengo imagen en absoluto, y veo lógicamente la razón de no tenerla, también veo la verdad de que las imágenes impiden la relación, tanto si la imagen es hiriente como si es placentera”[11].

¿Existe alguna alternativa al llegar a ser? Para Krishnamurti está en el aprender sin acumular. “Señor, no hay lugar alguno al cual llegar, sólo existe este movimiento del aprender, el cual se vuelve penoso únicamente cuando hay acumulación. Una mente así es por completo inconsciente de su propia actividad, en el sentido de que no hay perpetuación de un ‘sí mismo’, de un ‘yo’, que busca llegar, alcanzar un objetivo”[12].

¿Utilizamos el tiempo como mediador del cambio, de la transformación, del llegar a ser otra cosa surgida desde nuestra falsa imagen? ¿Qué función tiene el presente en el proceso de llegar a ser? Para Krishnamurti, “sólo existe este sentimiento de llegar a ser cuando existe la memoria de lo que ha sido y de lo que debería ser, y el presente es entonces utilizado como pasaje entre los dos”[13].

MÁS:

¿Qué es el más? Según Krishnamurti: “‘más’ es el constante grito del ‘yo’; es el ansia de sensación, ya sea del pasado o del futuro”[14].

Deseamos, anhelados, ambicionamos más. No sólo queremos bienes materiales, sino que nuestras carencias nos llevan también a querer que nos quieran, que nos acepten que nos respeten…; queremos mandar sobre los demás, tener poder, autoridad, subyugar, dominar, sentirnos importantes, etc. Es decir los deseos abarcan tanto el mundo de lo material como de lo psicológico. Para Krishnamurti, “el deseo de ser superior, de convertirme en el Maestro, de acumular conocimientos, de perderme en actividades, ofrece un esperanzado y satisfactorio escape con respecto a la pobreza e insuficiencia interna. Estando incompletos, vacíos, cualquier actividad, por noble que sea, sólo puede ser el movimiento expansivo del ‘yo’… Ningún gobierno, ninguna teoría pueden eliminar el anhelo del hombre por ser superior, por dominar”[15].

La necesidad del ‘más’ es psicológica y está al servicio de la identidad con la que nos identificamos como se revela en este texto de las Obras Completas de 1948-49. Tomo V: “ese impulso [la necesidad del ‘más’] existe cuando la psique, la mente está deviniendo, buscando, persiguiendo un objetivo, un resultado. Cuando deseo ser un mahatma [alma grande, título que se da a un gran ser o a los iniciados y grandes maestros espirituales], o un santo, cuando deseo comprender, cuando practico la virtud, cuando tengo conciencia social de clase y me considero un ente ‘superior’, cuando me sirvo de la función para realizarme a mí mismo (…) todas estas cosas denotan, es obvio, una mente que está deviniendo. En consecuencia, el ‘más’ es conflicto. Una mente que va en pos del ‘más’ nunca es consciente de lo que es, porque está viviendo siempre en el ‘más’ –en lo que a uno le gustaría ser, nunca en lo que es-… Somos el proceso de pensamiento; no estamos separados del pensamiento. Y el pensamiento es memoria, cómo ser ‘más’ de algo. Es decir, cuando existe el impulso por lo más’ o por lo ‘menos’, por lo ‘positivo’ por lo ‘negativo’, surge el proceso de pensamiento. Este proceso no surge cuando hay reconocimiento de lo que es. Un hecho no requiere un proceso de pensamiento, pero si queremos evitar un hecho, entonces comienza el proceso. Si acepto que soy lo que soy, no hay pensamiento, sino que tiene lugar otra cosa cuando acepto lo que es. Surge a la existencia un proceso por completo diferente, que no es el proceso de pensamiento. O sea, en tanto existe el deseo por lo ‘más’ o lo ‘menos’, tiene que haber pensamiento, tiene que existir el proceso de la memoria. Después de todo, si deseo ser un hombre muy rico, un hombre poderoso, popular, o un hombre de Dios, si deseo llegar a ser algo, necesito tener memoria, es decir, tengo que pensar en ello; la mente debe agudizarse constantemente para ‘llegar a ser’… Si nos damos cuenta de que, cuanto más queremos ser algo, más conflicto hay, entonces podemos ver que el ideal sólo contribuye a incrementar nuestro conflicto, lo cual no quiere decir que yo deba satisfacerme con lo que soy. Por el contrario. En tanto quiera ser algo más, tiene que haber conflicto, sufrimiento, ira, violencia…Todos deseamos ser algo, más virtuosos, más religiosos, acercarnos a la verdad, o somos ambiciosos, mundanos, etc. Deseamos ser alguien. Deseamos tener una comprensión mayor, más felicidad, más sabiduría. El mismo desear algo es la negación de lo que es. Si deseo ser alguna cosa, es que no comprendo lo que soy. Para comprender lo que soy, es preciso que comprenda este deseo de ser alguien, este deseo de devenir. ¿Por qué deseamos ser otra cosa que lo que somos? Si no me esfuerzo por ser alguien, ¿me conducirá eso a la satisfacción, a ese falso, respetable estancamiento? ¿Es ésa la razón de que deseemos ser alguien? ¿O la razón es que no queremos enfrentarnos a lo que somos y, por lo tanto, escapamos de lo que es?”[16].

Los estímulos de ser más vienen de todos los ámbitos de la sociedad que estimula en esa dirección del más. Incluso el monje que se retira puede hacerlo motivado por el deseo de más, por el deseo guiado por la ambición de la mente condicionada por el más. “Siendo el resultado del tiempo, la mente está siempre pensando en términos de crecimiento, de logro; y ¿puede la mente librarse del ‘más’, que es realmente disociarse por completo de la sociedad? La sociedad insiste en el ‘más’. Después de todo, nuestra cultura se basa en la envidia y en la adquisividad. Nuestra adquisividad no se refiere sólo a cosas materiales, sino también al reino de lo que se llama espiritualidad, en el cual queremos tener más virtud, estar más cerca del maestro, del guru. Así es que toda la estructura de nuestro pensamiento se basa en el ‘más’; y cuando uno comprende por completo la exigencia del ‘más’, con todos sus resultados, hay seguramente una completa disociación con respecto a la sociedad; y sólo el individuo que está por completo disociado de la sociedad puede actuar sobre ésta. El hombre que se pone un taparrabos o una túnica de sannyasi, que meramente se convierte en monje, no está disociado de la sociedad; sigue formando parte de ésta, sólo que su demanda de ‘más’ está en otro nivel. Él está aún condicionado por los límites de una cultura particular, y por lo tanto está atrapado dentro de ella”[17]

¿Cuándo se elimina la querencia del más? Según Krishnamurti: “una mente seria conoce sus propias limitaciones, se da cuenta de su propia mediocridad, estupidez, cólera, celos, ambiciones; y, habiéndolas comprendido, se queda quieta, sin buscar, sin desear, sin tratar de alcanzar nada más. Sólo una mente así ha producido orden en sí misma y está por eso quieta; y sólo una mente así puede tal vez recibir algo que no es producto de la mente”[18].

El ser importante, el ser más, el tener más… es buscado ansiosamente por casi todos. “El deseo me dice que en el hecho de ser ‘alguien’ hay tremendo placer”[19] y cuando lo consigo sigo queriendo más, porque el deseo no tiene fin.

Estamos insatisfechos y ante tan situación buscamos con la mente salidas a esa situación displacentera. “Psicológicamente, internamente, siempre está el escapar de ‘lo que es’, siempre huimos de lo que somos, de lo que no nos satisface, y nos movemos hacia lo que habrá de satisfacernos. Sea que tal satisfacción la concibamos como un contentamiento profundo, como la felicidad o la iluminación (que es una proyección del pensamiento), o como la adquisición de mayores conocimientos, ello siempre sigue siendo el proceso del devenir -yo soy, yo seré-”[20].

En el proceso de querer más reforzamos las estructuras sociales que se alimentan de nuestro deseo de más. “Mientras psicológicamente reclamemos el ‘más’, nuestra sociedad será adquisitiva; y habrá forzosamente conflicto y violencia. Esto no significa que debamos eliminar las comodidades materiales, la ayuda mecánica producida por la técnica; pero lo que nos está destruyendo es el impulso psicológico a utilizar estas cosas para la propia expansión, que es la exigencia del ‘más’”[21].

MEDITAR:

¿Qué relación tiene la meditación con la toma de contacto con el ser auténtico que somos? Para Krishnamurti, meditar es tomar contacto con el ser y esta toma de contacto tiene consecuencias: una de las cuales es que en el propio meditar, el meditador, deja de existir. “Mediante la percepción de uno mismo y el conocimiento propio, surge el recto pensar; sólo entonces puede el pensamiento ir mucho más allá de las capas condicionadas de la conciencia. Meditar es, entonces, ser, y ello tiene su propio movimiento eterno; es la creación misma, porque el meditador ha dejado de existir”[22].

NO SER:

El no ser también forma parte de la estructura de la identidad. Según Krishnamurti, “cuando deseo cosas positivas, sé lo que eso implica –lucha, sufrimiento- y entonces las rechazo; y me digo: ‘ahora seré nada’. El deseo sigue siendo el mismo, es el mismo proceso en otra dirección. El deseo de ser nada es como el deseo de ser algo. El problema no consiste, pues, en ser nada o en ser algo, sino en comprender todo el proceso del deseo: el anhelo de ser o de no ser. En ese proceso, la entidad que desea es diferente del deseo. Uno no dice: ‘el deseo soy yo’, sino: yo deseo tal cosa’. Por lo tanto, hay una separación entre el experimentador, el pensador, y la experiencia, el pensamiento”[23]

A través de los medios de escape que pone a nuestra disposición la sociedad, pretendemos llenar nuestro vacío existencia con diferentes evasiones. Según Krishnamurti: “uno percibe, consciente o inconscientemente, una sensación de vacuidad interna, de insuficiencia, la sensación de que uno nada es. Casi todos nos damos cuenta de eso, pero no estamos dispuestos a afrontarlo, a comprender lo que es eso; procuramos escapar de ese estado de vacuidad, de ese estado de no ser, ya sea aferrándonos a la propiedad, o por medio del nombre, de la posición, de la familia, de las personas o del conocimiento. Este escapar de nosotros mismos es llamado experiencia, y a estos escapes nos apegamos; por consiguiente, los medios de escape se vuelven mucho más importantes que la comprensión de nosotros mismos. Los medios para escapar de nuestro propio estado nos ofrecen la felicidad, por eso la experiencia llega a ser un obstáculo para la comprensión de lo que es[24].

Queremos triunfar en la vida. Es el mensaje que oímos desde que tenemos uso de razón, pero no nos cuestionamos al sujeto de esa ambición. Según Krishnamurti: “cuando lo examináis, dejando de lado la reacción superficial de decir: ‘¿qué me pasaría si no tuviera éxito en la vida?’, creo que hallaréis que hay en ello una cuestión mucho más honda, que es el temor de ‘ no ser’, del aislamiento completo, del vacío y de la soledad. Está ahí, profundamente oculta, esta tremenda sensación de ansiedad, este miedo de quedar apartado de todo. Es por eso que nos aferramos a toda clase de relaciones. Es por eso que hay esta necesidad de pertenecer a algo… porque de ese modo escapamos de esa realidad que está efectivamente ahí, hondamente adentro”[25].

¿Qué soluciones plantea Krishnamurti?: “tememos morir, llegar físicamente al final y ser separados de las cosas que hemos poseído, por las que hemos trabajado, las que hemos experimentado: la esposa, el marido, la casa, los muebles, el pequeño jardín, los libros, los poemas que hemos escrito o esperábamos escribir. Y tememos abandonar todo eso porque nosotros somos los muebles, la pintura que poseemos; cuando sabemos tocar el violín, somos ese violín. Eso es así porque nos hemos identificado con esas cosas, somos todo eso y nada más. ¿Han mirado esto así alguna vez? Somos la casa, con sus persianas, el dormitorio, los muebles que poseemos y que hemos pulido cuidadosamente por años; eso es lo que somos. Si eliminamos todo eso, no somos nada”[26]; “Sólo cuando he vivido una vida de resistencia, voluntad y opción, existe el miedo de no ser, de no vivir”[27]; “el miedo básico es el miedo a la no-existencia, una sensación de completo temor, de incertidumbre, miedo a no ser, a morir”[28]; “la vida es una cosa extraña. Afortunado el hombre que nada es”[29].

La memoria refuerza una y otra vez nuestra propia imagen deformada de nosotros cada vez que volvemos sobre el pasado. Se pregunta Krishnamurti: “¿qué queda de nosotros sin el conocimiento, sin la experiencia, sin la memoria? Sin eso no somos nada’. ¿Es usted algo más que eso ahora? Cuando dice, ‘sin conocimiento no somos nada’, usted simplemente hace una aserción verbal sin vivenciar ese estado. Cuando hace esa proposición hay una sensación de temor, el temor de quedar desnudo. Sin estos agregados usted es nada –lo cual es la verdad. y ¿por qué no ser eso? ¿Por qué todas estas pretensiones y presunciones? Hemos vestido esta nada con fantasías, con esperanzas, con diversas ideas reconfortantes; pero debajo de esa cubierta no somos nada, no como una abstracción filosófica, sino realmente nada. La vivencia de esa nada es el comienzo de la sabiduría”[30].

A modo de resumen, en El libro de la vida [libro que es una especie de dietario- compendio que resume su enseñanza y que está escrito de forma sintética a modo de reflexión diaria] dice Krishnamurti: “usted y la nada son una sola cosa: usted es nada. Puede tener su nombre y su título, su propiedad y su cuenta bancaria, puede tener poder y ser famoso; pero a pesar de todas esas salvaguardas, usted es nada. Quizás esté por completo inconsciente de esta vacuidad, de esta nada, o quizá no quiera tomar conciencia de ella; pero ella está ahí, haga usted lo que haga para evitarlo. Puede intentar escapar de maneras tortuosas, mediante la violencia personal o colectiva, el culto personal o colectivo, el conocimiento, las diversiones; pero ya sea que esté dormido o despierto, esa nada está siempre ahí. Usted puede descubrir su relación con esta nada y el miedo que la acompaña únicamente si está alerta, sin opción alguna, a los escapes. No tiene relación con ella como si usted fuera una entidad separada, individual; no es el observador que la observa; sin ‘usted’, el pensador, el observador, ella no existe. Usted y la nada son una sola cosa, son un fenómeno conjunto, no dos procesos separados. Si usted, el pensador, siente miedo de la nada y la aborda como algo contrario que se opone a usted, entonces cualquier acción que pueda emprender a su respecto debe conducirle inevitablemente a la ilusión y a más conflicto y desdicha. Cuando descubre y experimenta que esa nada es usted, entonces el miedo -que existe sólo cuando el pensador esta separado de sus pensamientos y trata de establecer una relación con ellos- desaparece completamente”[31].

SER VERDADERO:

¿Qué es el ser verdadero? ¿Cuándo surge? Desde luego el ser verdadero no es la imagen que estamos viviendo de nosotros. Para Krishnamurti, “es la voluntad egocéntrica, este constante deseo de ser esto o aquello, lo que destruye el puro ser. Este ser es por completo diferente del sopor de la satisfacción, de la realización personal o de las conclusiones de la razón. Este ser es ajeno al sí mismo. Una droga, un interés, una absorción en algo, una completa identificación, pueden producir un estado que se desea, el cual sigue siendo conciencia de uno mismo. El verdadero ser es la terminación del deseo-voluntad”[32].

TIEMPO:

Hemos visto que vivir en el pasado (ver citas 108-112 en el epígrafe ‘pasado’) o en el futuro (ver cita 142 en el epígrafe ‘tiempo’) pertenecía a la identidad y de esta forma cada vez que volvemos al pasado o proyectamos el futuro, estamos aumentando nuestra identidad fruto del condicionamiento. ¿Qué relación tiene el tiempo presente con el ser? Para Krishnamurti el estado auténtico es el interés por el ser, el interés por la vida del ser en el presente. “Nosotros no nos interesamos en el ser, sino en el haber sido y en el llegar a ser. Existe un presente activo, un estado de ser, un estado activo, viviente”[33]. Según Krishnamurti, para descubrir lo que somos en función del tiempo, debemos vivir el presente, que es lo mismo que morir al pasado y al futuro. “¿Qué es usted entonces? Para descubrirlo, tiene que morir al pasado y al futuro”[34].

¿Es posible vivir sin el pasado y sin futuro? ¿Sabemos vivir en el presente? Se pregunta Krishnamurti si “¿puede un ser humano vivir sin ese verbo que significa vivir y no tener pasado ni futuro? No significa ‘vivir en el presente’, ustedes no saben lo que significa vivir en el presente. Para vivir completamente en el presente tenemos que saber lo que es la naturaleza y la estructura del pasado, que es uno mismo. Tenemos que conocernos nosotros mismos tan completamente que no hay ningún rincón oculto; ‘uno mismo’ es el pasado, y ese ‘lo mismo’ se nutre del verbo ‘ser’ que es llegar a ser, realizarse, recordar. Averigüemos lo que significa vivir sin ese verbo psicológicamente, internamente”[35].

TOTAL:

Según Pupul Jayakar (biógrafa de Krishnamurti), en febrero de 1957 dijo Krishnamurti: “volver insensibles los sentidos a lo que es tempestuoso, contradictorio, conflictivo, doloroso, implica negar toda la profundidad y belleza y gloria de la existencia. La realidad nos exige la totalidad de nuestro ser, requiere un ser humano total, no uno cuya mente se halla paralizada. Existe una batalla constante entre lo que soy y lo que yo debería ser. Esta es la red de dolor en la que el hombre se encuentra atrapado”[36].

El que juzga, valora y critica… el que piensa no es el ser auténtico, sino el producto de nuestro condicionamiento, por eso dice Krishnamurti que “es importante comprender el deseo de censurar o aprobar, de justificar o comparar, porque este deseo impide la plena comprensión del ser total. ¿Quién es el juez, quién es la entidad que divide y analiza las partes? ¿No es, acaso, sólo un aspecto del proceso total, un aspecto del ‘yo’, que mantiene constantemente el conflicto? El conflicto no se disipa introduciendo otra entidad que pueda representar la censura, la justificación o el amor. Sólo en libertad puede haber comprensión, pero la libertad es negada cuando el observador, mediante la identificación, condena o justifica”[37].

En Ascetismo y ser total, de Comentarios sobre el vivir. Tercera Serie, Krishnamurti se pregunta: “¿queréis decir algo más sobre este ser total? Es el sentimiento de ser entero, no dividido, no fragmentado: una intensidad en la que no hay tensión, ningún tirón del deseo con sus contradicciones. Esta intensidad, este profundo y no premeditado impulso, es lo que derribará el muro que la mente ha erigido en torno suyo. Este muro es el ego, el ‘yo’, el sí mismo. Toda actividad del ‘yo’ es separativa, aisladora, y cuanto más pugna por abrirse paso a través de sus propias barreras, más fuertes se vuelven éstas. Los esfuerzos del ‘yo’ para liberarse sólo contribuyen a intensificar su propia energía, su propia pena. Cuando se percibe la verdad de esto, sólo entonces existe el movimiento del todo. Este movimiento carece de centro, no tiene principio ni fin; es un movimiento que trasciende la medida de la mente, la mente que se ha formado a través del tiempo”[38].

VIRTUD:

El ser auténtico ¿es virtuoso? ¿Qué relación tiene el ser con la virtud? ¿Cómo se transforma el ser condicionado en virtuoso? Para Krishnamurti la virtud es estar en contacto con el ser, darse cuenta de él en nuestra vida cotidiana momento a momento. “Ser, que implica reconocer lo que es, aceptando y viviendo con lo que es -sin tratar de transformarlo ni condenarlo-, da origen a la virtud, y en esa virtud hay libertad”[39].

RESUMEN: glosario de los conceptos tratados anteriormente relativos al ser en Krishnamurti:

  • Autocomprensión: comprendemos nuestra realidad cuando somos capaces de mirarnos tal como somos, sin la imagen distorsionadora del condicionamiento, es decir a través de la observación sin pensamiento.
  • Devenir: con la terminación del devenir surge el ser. El ser se comprende cuando cesa el devenir, que es lo mismo que terminar el tiempo y los proyectos de ser en el futuro que surgen de una mente confusa. Queremos ser cosas en el futuro, tenemos un ideal pero ese ideal y esas querencias, truncan la emergencia del ser auténtico reforzando la identidad, el yo o la imagen desde la que vivimos.
  • Esencia: para Krishnamurti la esencia es impermanente. Lo que es ‘talidad’ es aquello que es como en su desarrollo en el mundo. Lo que es talidad no es ilusión. Es la totalidad, lo que es verdad, lo que es real. Cuando la persona es lo que es, es lo verdadero.
  • Llegar a ser: el llegar a ser, es el proceso psicológico inventado por el pensamiento. Y de ahí que todo el proceso sea mecánico. Tal proceso es el alimento mismo del ego. Llegar a ser no consiste en cambiar imágenes -cambiar una imagen por otra- sino en no tener ningún tipo de imagen. La alternativa al llegar a ser es aprender sin acumular.
  • Más: es el constante grito del ‘yo’. El deseo de más es un escape respecto de la pobreza e insuficiencia interna. Estamos vacíos por dentro y cualquier deseo, anhelo o movimiento o actividad por correcta que sea, sólo puede ser el movimiento expansivo del yo. La necesidad de más está al servicio de la falsa imagen que tenemos de nosotros.
  • Meditar: meditar es tomar contacto con el ser. Mediante la percepción de uno mismo y el conocimiento propio, surge el recto pensar; entonces meditar es ser
  • No ser: el deseo de ser nada es como el deseo de ser algo. El problema no consiste, pues, en ser nada o en ser algo, sino en comprender todo el proceso del deseo; comprender la separación entre el experimentador, el pensador, y la experiencia, el pensamiento.
  • Ser verdadero: emerge con la terminación del deseo, el anhelo, la voluntad egocéntrica, el constante deseo de ser esto o aquello que es lo que destruye el ser.
  • Tiempo: no nos interesamos en el ser, sino en el haber sido y en el llegar a ser. Debemos vivir el presente, que es lo mismo que morir al pasado y al futuro. Descubrir lo que somos implica morir al pasado y al futuro.
  • Total: el ser total es el sentimiento de ser entero, no dividido, no fragmentado: una intensidad en la que no hay tensión ni contradicciones. Esta intensidad, este profundo y no premeditado impulso, es lo que derribará el muro que la mente ha erigido en torno suyo. Este muro es el ego, el ‘yo’, el sí mismo. Derribado este muro emerge el ser total.
  • Virtud: la virtud es estar en contacto con el ser, darse cuenta de él en nuestra vida cotidiana momento a momento. Ser significa ver lo que uno hace, siente y piensa; vivir sin escapes, anhelos, valoraciones y juicios.

FIN DEL PENSADOR:

Si están silenciosamente alerta entonces el pensador y su pensamiento son una sola cosa, no están separados, son indivisibles (15).

Nuestro siguiente interrogante es cómo poner fin al pensador. Pero ese interrogante mismo es erróneo, porque el que lo plantea sigue siendo el pensador, quien de ese modo se da continuidad a sí mismo. Sólo cuando el pensador se percata de sus propias actividades, sólo entonces, llega a su fin. Ante una gran belleza o en momentos de gran dolor, el pensador queda alejado y, dentro de ese periodo, hay un sentido extraordinario de infinita felicidad y bienaventuranza. Este momento creativo origina una revolución duradera. Tal estado de ser, en el que se halla ausente el pensador, genera renovación. En este silencio, cuando el pensador está ausente, se manifiesta la realidad (15).

Persiga un pensamiento completamente hasta su mismo fin. Examínelo plenamente, sondéelo y descubra por sí mismo qué ocurre. Encontrará que no hay, en absoluto, un pensador. Porque, cuando el pensamiento cesa, el pensador no existe. Creemos que hay dos estados, tales como el pensador y el pensamiento. Estos dos estados son ficticios, irreales. Sólo hay pensamiento, y el haz de pensamientos crea al ‘yo’, al pensador. El pensador, habiendo adquirido permanencia, trata de cambiar el pensamiento, de modificarlo y, con eso, de mantenerse él. Pero, si cada pensamiento es examinado y sondeado a fondo, sin resistencia alguna, sin optar, sin censurar, entonces no existe una entidad como el pensador. Cuando el pensamiento deja de crear el pensador, ése es el estado de experimentar. Es acción en la que no hay experimentador ni experiencia (15).

El observador y lo observado son un fenómeno conjunto; y esa unificación, esa integración entre el observador y lo observado tiene lugar cuando no hay sentido alguno de justificación, identificación o condena, o sea, cuando estamos libres del trasfondo, que es el ‘yo’ y ‘lo mío’ (16).

Por vivir el observador en el pasado y en el presente tocado por el pasado, es por lo que hay división entre el observador y lo observado. Esta división, este espacio, este intervalo de tiempo entre ambos toca a su fin sólo cuando hay otra cualidad que no es del tiempo en modo alguno, que no es del pasado ni del presente; entonces el observador es lo observado, lo cual no es un proceso de identificación con esto último (20).

¿Cómo puede haber una fusión del pensador con sus pensamientos? No por acción de la voluntad, no mediante la disciplina ni forma alguna de esfuerzo, ni a través del control, de la concentración o de cualquier otro medio. El uso de un medio implica un agente que está actuando. En tanto haya allí un ‘actor’, habrá una división. La fusión tiene lugar sólo cuando la mente está por completo quieta sin tratar de aquietarse. Esta quietud existe, no cuando llega a su fin el pensador, sino únicamente cuando el pensamiento mismo llega a su fin (44).