Miércoles, 11 de Septiembre de 2019

¿Qué es la libertad? No es un lujo de estatutos, parlamentos y representantes. Solamente el equilibrio entre derechos y deberes. Anónimo.

Es preciso instruir a la juventud riendo, reprender sus defectos con dulzuras y no amonestarla con el nombre de la virtud. Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière.

El terapeuta sólo puede llevar al paciente hasta el límite de sus propias resistencias. S. Freud.

 

 El sentido de la vida (Creatividad. Liberando las fuerzas internas. Osho):

  • La vida misma no tiene sentido. La vida es una oportunidad para crear un sentido. No hay que descubrirlo el sentido, hay que crearlo. Sólo encontrarás un sentido si lo creas.

  • Millones de personas están viviendo sus vidas sin sentido por esa estúpida idea de que hay que descubrir el sentido. Como si ya estuviera allí y lo único que necesitas es levantar la cortina…

  • Olvídate de todas esas cosas estúpidas como ayunar o sentarse en una cueva, torturarse a uno mismo, o tumbarse sobre una cama llena de clavos. Elogia a un hombre porque ha cultivado rosas hermosas; el mundo tiene más color gracias a él. Y entonces encontrarás el sentido.

  • El sentido llega a través de la participación. ¡Participa en la vida! Participa tan profundamente, tan totalmente como puedas.

  • La vida tiene que ser multidimensional, sólo entonces tiene sentido.

Terapia Zen. David Brazier:

La teoría de las relaciones de raíz establece que toda forma de dukkha (sufrimiento mental) debe su origen a tres raíces amargas, a saber, avaricia, odio y engaño y que todos los estados de bienestar encuentran su origen en tres raíces dulces que son las opuestas a las amargas.

Una persona iluminada percibe el mundo sin preconcepción y sin distorsión alguna.

Buda dice que las consecuencias desafortunadas de la avaricia no son graves pero se prolongan durante mucho tiempo, las de odio son graves pero no se prolongan tanto, y las de engaño son graves y perduran durante un largo tiempo.

En el océano sin fondo del buddhata [mente pura], donde no es posible hallar ningún yo, el mundo no está dividido en objetos agradables o desagradables. Hay una pureza sin fisuras en la que todas las cosas ordinarias, el chocolate, las flores, la luna, nuestra familia y amigos, aparecen tal como son…

Todo el condicionamiento guarda relación con la creencia personal en un yo.

En el Sutta Alagaddupama, Buda dice que desprenderse de las skandhas [componen la idea de un Yo] nos reportará felicidad y bienestar duraderos y que no debiéramos considerar que son nosotros mismos más que lo son, por ejemplo, las hojas que se elevan por el aire cuando se las echa a una hoguera.

Buda dice que si soltamos las skandhas [componen la idea de un Yo] nos sentiremos mucho mejor. Nos enganchamos a ellas, sin embargo, porque fundamentalmente sentimos apego hacia los placeres sensorios en que nos envuelven. El yo y la sensualidad están profundamente implicados entre sí.

Para ser un terapeuta efectivo, se hace necesario, al menos durante el momento del encuentro terapéutico, estar vacío, limpio y abierto al flujo de todo cuanto surja desde ese océano sin fondo [mente pura], dispuestos a observar todos los fenómenos de forma nítida: ni con apego ni con rechazo… el terapeuta establece la mente clara de la meditación como el prerrequisito de una verdadera comprensión.

La clave de la psicología budista reside en el análisis del condicionamiento.

Cuanto más condicionada se hallan las mentes, mayores serán nuestras neurosis y más grande nuestro sufrimiento.

Como todo depende de condiciones, nada tiene existencia independiente.  Cuando las condiciones cambian, todo lo que depende de ellas cambia por igual.  A su vez todos los fenómenos son condiciones respecto a otros fenómenos.

El fin de la práctica budista es, de todas formas, ir más allá del condicionamiento: desprenderse de todos los estados mentales perniciosos y de esa forma, manifestar el nirvana.  De ello se colige que el nirvana completo implica quedar libres del apego a todo fenómeno.

Un axioma muy común en Occidente defiende la idea de que ‘no puedo amar a los demás antes de amarme a mí mismo’, mientras que la actitud zen quedaría mejor representada por la fórmula: ‘la mejor manera de ayudarme es descubrir mi amor por los demás’.

La idea de crecimiento personal…  reside… en que debo hacer algo respeto a la tiranía a la que queda sometida mi vida entera debido a la pasión que siento por mí mismo.

En la psicología budista, la palabra ‘yo’ es el nombre colectivo que se asigna a todo nuestro condicionamiento.

La libertad infinita del no-yo, de la no-mente, del no-pensamiento; esa es la vida misma, esta vez completamente incondicionada.

En la psicología occidental, los términos ‘consciente’ e ‘inconsciente’ resultan un tanto confusos… en el sistema budista, todas las capas son ‘conciencia’ de una u otra clase y es el sistema en su totalidad el que queda oscurecido por el condicionamiento, no una sola de sus partes.

Klesa:

  • Cualidades que perturban la mente. Constituyen el fundamento de todos los actos malsanos por los cuales el hombre queda sujeto al ciclo de los nacimientos (samsara). Alcanzar el estado de arahat [alguien que ha ganado el entendimiento profundo sobre la verdadera naturaleza de la existencia] significa la extinción de todos los klesa.

  • 5 obstáculos hacia el samadhi [unificación, sensación de fundirse con el Universo]: ignorancia, egoísmo, deseo, aversión y sed de vida. La raíz de todos es la ignorancia.

  • 10 categorías (Vissuddhi-magga): apetencia, aversión, ilusión, orgullo, falsa opinión, duda, entumecimiento, agitación, desvergüenza, falta de conciencia moral.

 Hay dos formas básicas de abordar las cosas. Una de las vías a las que se da preferencia es la del conocimiento.  Si llegamos a conocer bastante del tema en cuestión, entonces podemos sentirnos seguros. La otra vía es de la negación. Si no podemos solucionar un problema a través del conocimiento, le damos la espalda y nos mantenemos distraídos del mismo por medio del entretenimiento, trabajo, drogas u otras cosas.  En el Zen… al intensificarse el problema, si nos zambullimos plenamente en él, podemos encontrar una paz mucho más duradera.

En la psicoterapia, una persona pone mucho empeño en su objeto de trabajo… Este le condujo a la terapia.  Inicialmente, quizás tan sólo seamos conscientes de la forma en que la mente da vueltas, aparentemente fuera de control. Después, uno se da cuenta de que la mente ha entrado en su propia meditación… la mente comienza a tener como foco de atención el centro de su preocupación y ya ha dejado de dar vueltas.

En la terapia, el terapeuta permanece en calma mientras el yo condicionado del cliente se mantiene en lucha. De manera gradual, el cliente comenzará a tranquilizarse.

La terapia es una vía para que la persona recupere su estado original de bienaventuranza, y eso requiere averiguar de antemano qué es lo que realmente ocupa su atención ahora.

Los cambios personales más profundos tienen lugar cuando una persona se desidentifica del contenido de su mente y se sitúa al margen de su melodrama. El Zen no borra los complejos de nuestra mente: nos permite dejar de estar turbados por ellos y ver que estos no constituyen la persona que soy… los complejos pierden consistencia cuando vivimos con cordura y no a la inversa.  El Zen no se preocupa tanto de los resultados futuros como de la práctica presente.

La preocupación el terapeuta es la cualidad de la vida del cliente momento a momento… la terapia tiene que ver más con mejorar la cualidad de la vida que con solucionar dilemas ante opciones específicas. Mejorar la calidad y la cualidad de la vida empieza por estar despiertos.

Meditación. Aunque hay muchos enfoques diferentes todos pasan por sosegar la energía habitual, esto es, por limpiar la percepción a fin de poder ver qué es lo que está ocurriendo.  La atención vigilante es un intento de restablecer el contacto con el flujo de la experiencia… la atención vigilante es más bien una cuestión de estar totalmente presentes en cada paso de la vida.

Estar psicológicamente sano supone regresar a y vivir según nuestra ética fundamental.

La visión del Zen, y en ello creo que también se pueden encontrar ecos taoístas, sostiene que la persona natural es ética y que los comportamientos que se hallan fuera de la ética son debidos a que la naturaleza ha sido distorsionada o velada por el condicionamiento. El condicionamiento surge de la ignorancia, y la ignorancia encuentra su fermento en una sociedad corrupta… La ética, lejos de constituir la protección de la sociedad frente a la persona natural, es considerada como una señal que nos indica el camino de regreso hacia la naturaleza original, pura y bienaventurada, preexistente a toda corrupción.  Desde esa visión, la ética no es tanto un muro restrictivo como una escalera por la que escapar, esto es, lo que nos señala la vuelta a nuestra verdadera naturaleza.

La ‘naturaleza’ a la que se refiere el Zen no es una condición primitiva sino primigenia, esto es, la condición misma de la mente previa a cualquier eventual contaminación [condicionamiento].

Los preceptos budistas tales como el respeto a la vida, no infligir daño físico, no tomar nada que corresponde a otros, regular el propio comportamiento sexual, hablar con cortesía, no apartarse de la honradez, evitar toda intoxicación, llevar una vida sencilla, etc., son una prescripción para alcanzar la felicidad y la armonía: un antídoto frente a las seducciones de la sociedad.

Carl Rogers, mantenía claramente que si los mismos terapeutas adoptaran una actitud no egoísta, los propios clientes encontrarían en su interior lo necesario para alcanzar un estado de ‘pleno funcionamiento’ y ese estado sería socialmente constructivo (esto es, ético). Parece, pues, que la moralidad de las personas no aumenta por persuasión sino por inspiración.

Resolver un koan [enigma mental] comporta cambiar nuestro modo de ser, lo cual normalmente requiere abandonar, antes que producir, ciertas ideas.

La terapia consiste en verdad en tratar de que un cliente se adentre hasta la raíz misma de su naturaleza ética fundamental.

… a la vez que se comprende al cliente, se le invita a ser más honesto y a enfrentarse consigo mismo de una forma más directa.

Cuando vivimos desde el mismísimo fondo de nuestro ser, no vivimos desde el yo. Simplemente desempeñamos nuestro papel en el universo, llevando a cabo felizmente lo que la realidad nos va presentando.

El camino del Zen es sumamente práctico. Aunque solemos enredarnos en la maraña de nuestras propias ideas y sentimientos, la forma de salir de ella por lo general comienza actuando a conciencia ahora. Si sabes cuál es tu propósito en este momento no te resultará difícil saber qué es lo que has de hacer.  Paradójicamente, quizás, ser capaz de actuar de ese modo supone dejar de intentar controlar el ayer y el mañana. Sencillamente, haz lo que corresponda hacer ahora.

Como terapeutas, es responsabilidad nuestra ayudar a que las personas superen sus propios hábitos autodestructivos. Por eso hemos de realizar esfuerzos, en primer lugar, para superar los nuestros… la esencia de este precepto consiste en buscar en nuestra propia vida, caer en la cuenta de nuestras compulsiones y romper el atenazamiento que ejercen sobre nosotros tan pronto como seamos consciente de ellas. Ayudar a otros no puede ser independiente de lo que a ese respecto hagamos nosotros mismos.  Dejar lo que pensábamos que nos resultaba imprescindible es siempre un paso hacia la libertad. Hay un dicho zen: la ganancia es ilusión, la pérdida es iluminación. ‘Para romper el aferramiento del ego, nada más efectivo que abandonar algo’, dice el maestro zen Uchiyama.

Es esencial que el psicoterapeuta haga esfuerzos incesantes de cara a su propio crecimiento personal. Chang Yong Chung.

La manera más efectiva de ayudar a los demás es progresar espiritualmente uno mismo y el mejor modo de progresar espiritualmente es ayudar a los demás.

 

 

 

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