Viernes, 28 de Diciembre de 2018

FELICIDAD:

El tiempo vuela a veces como un pájaro, y a veces se arrastra como un caracol. Pero la mayor felicidad del hombre sobreviene cuando no se advierte si su paso es raudo [rápido] o moroso [lento]. Iván Turguéniev.

Las personas nobles y excelentes se dan pronto cuenta de la educación que les imparte el destino y se adaptan a ella con docilidad y gratitud: ven que en el mundo cabe encontrar sin duda enseñanzas, mas no felicidad, se habitúan a ello, contentas de trocar esperanzas por conocimientos y acaban diciendo con Petrarca: altro diletto, ch´imparar, non provo [no tengo otro deleite que el de aprender].  Puede llegarse así incluso a que esas personas persigan sus deseos y aspiraciones, pero ya sólo lo hacen en apariencia y por jugueteo; lo que propiamente aguardan, en la seriedad de su interior, es sólo instrucción. Eso les da pronto un aire contemplativo, genial, elevado. En este sentido puede decirse que les pasa lo que a los alquimistas: que mientras buscaban oro descubrieron la pólvora, la porcelana, ciertos medicamentos e incluso algunas leyes naturales. Arthur Schopenhauer.

El paraíso se halla en el centro del infierno. Nikos Kazantzakis.

Razón llevan los que desconfían de los que prometen futuros y utopías de felicidad.  Razón tienen los que dicen que cuanto menos apego y consideración se manifieste por los otros más lo respetan a uno, menos engaños recibe y mejor le va en la vida… Dolores Mistral Arlés.  Provenza.  Carta a su hijo.

Muchos escritores han desarrollado el punto de vista según el cual corremos tras el éxito, el poder, el reconocimiento porque dudamos de nosotros. Cualquier persona con una autoestima realmente fuerte no debiera, entonces, buscar el poder o la gloria, sino preferir la felicidad… Eso pensaba en todo caso, cuatro siglos antes de nuestra era, el escritor griego Jenofonte, que hizo decir a su héroe Ciro: pero si, por haber realizado grandes cosas, no es posible ya ocuparse de sí mismo y alegrarse con un amigo, es una felicidad de la que me despido con gusto. Christophe André y François Lelord.

La felicidad es ser feliz; no hacer creer a los demás que lo somos. Jules Renard.

No tendríamos placer si nunca nos halagáramos. La Rochefoucauld.

REDUCIR LOS SENTIMIENTOS DE INADECUACIÓN: cuanto más nos aceptemos a nosotros mismos de manera incondicional –decidiendo seguir cien por cien vivos y pelear por conseguir la felicidad- menos tendencia tendremos a encubrir nuestra inadecuación con ira compensatoria.  Esto no significa que no tengamos derecho a pelear contra la injusticia social o ser unos rebeldes con causa.  Pero siempre y cuando nuestra intención sea desfacer entuertos reales y mejorar nuestra vida, y no demostrar nuestra fuerza o virilidad o nobleza. ¿Quién necesita ese tipo de autojustificación? Respuesta: las personas que antes se han denigrado a sí mismas insensatamente.  Albert Ellis y Raymond Chip Tafrate.

Prejuicios contra nosotros mismos y contra los demás: el odio a los demás nos lleva a menudo a considerarlos encarnaciones demoníacas y a magnificar sus rasgos malignos. Al atribuirles estos rasgos, nosotros solemos sentirnos nobles, lo que a su vez nos obliga a seguir protegiendo nuestra nobleza odiándolos más aún. Como señala Marie Jahoda: el desprecio a los demás suele tener como resultado el tratar de apuntalar nuestro tambaleante amor propio haciendo que los otros parezcan inferiores o despreciables. En realidad, la única manera que tienen algunos de salvar su amor propio es sintiéndose felices por no ser afroamericanos, católicos, italianos o cualquier grupo designado como chivo expiatorio para la secreta miseria de tales personas. Albert Ellis y Raymond Chip Tafrate.

Es vana la palabra del filósofo que no proporciona la felicidad. Epicuro.

Entiendo que cuando alguien ve a una persona como yo pueda pensar que soy feliz porque tengo muchas cosas, pero no soy feliz por ese motivo.  Nunca tuve la necesidad de buscar la felicidad a través de un premio, del dinero o de una existencia glamurosa, porque esto sólo conduce al vacío. Gwyneth Paltrow.

Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios. Confucio.

Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso. Honoré de Balzac.

Un paraíso del que no se puede salir es un infierno.  Amando Fuentes Aguirre.

Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad. Montesquieu.

El dinero no da la felicidad, pero aplaca los nervios. Jeanne Bourgeois, Mistinguett.

Es un gran mal no poder sufrir mal alguno; es menester sufrir para sufrir menos. Anacarsis.

El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. André Gide.

Los que tienen alguna fortuna piensan que lo más importante en el mundo es el amor.  Los pobres saben que es el dinero. Gerald Brenan.

Así como la desgracia hace discurrir más, la felicidad quita todo deseo de análisis; por eso es doblemente deseable. Pío Baroja.

Sin dolor no se forma el carácter; sin el placer, el espíritu. E. Feuchtersleben.

Escoge la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable. Pitágoras.

El que busca el cielo en la Tierra se ha dormido en clase de geografía. Stanislaw Jerzy Lec.

La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre. Epícteto.

Disfrútalo mientras dure. Película Goldeneyes.

Sólo sobre la verdad es posible cimentar la dicha y la felicidad. Película  El príncipe valiente.

Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos. La Rochefoucauld.

El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.  Proverbio hindú.

Tres condiciones se requieren para llegar a ser feliz: ser imbécil, ser egoísta y gozar de buena salud.  Pero bien entendido, si os falta la primera condición está todo perdido. G. Flaubert.

Es defecto propio de las personas felices, y del que nunca se corrige, el creer que los desgraciados lo son siempre por su culpa. E. Pierre Beauchêne.

La libertad no hace felices a los hombres; los hace sencillamente hombres. Manuel Azaña.

La mosca que no quiere ser cazada está más segura cuando se posa en el cazamoscas. Georg Ch. Lichtenberg.

Ser realista es el principio de la sabiduría y a los sabios sólo les preocupa encontrar placer en el presente. Película Salomé. 

Epicuro entendía la filosofía, fundamentalmente, como investigación de la felicidad humana, como reflexión acerca de los temores que atenazan a los hombres (el miedo a la muerte, el miedo a los dioses, el deseo desmesurado de placeres y el miedo al dolor), y como lucha contra los prejuicios y las ideas que, como las del platonismo, sitúan la felicidad en otra vida. Consecuentemente con estas ideas, y con su máxima: vive retirado, prefería la compañía de sus amigos antes que el aplauso público. Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

El vicio es un error de cálculo en la búsqueda de la felicidad. Jeremy Bentham.

El pensamiento no garantiza la felicidad: si acaso, una mayor intensidad en lo vivido. Las últimas palabras de Wittgenstein, cuya existencia no constituyó precisamente un camino de rosas, fueron: he tenido una vida maravillosa. Me irrita la estúpida autosuficiencia de quienes están convencidos que sólo piensan los buenos.  Lo que sí ha ocurrido es que a lo largo de la historia los hombres han encontrado también en el pensamiento una fuente de placer una herramienta útil en ocasiones para luchar contra el dolor (por ejemplo, ahuyentando falsos temores, como los generados por las supersticiones). Manuel Cruz.

Gilles Lipovetsky: 

  • ¿Y la felicidad? Una y otra vez nos empeñamos en creer que por medio del consumo accedemos a ella.

  • Esto nos lo dice la publicidad. En parte es cierto: creemos que teniendo, por ejemplo, un coche más grande y potente nos irá mejor en la vida. Al mismo tiempo, no es así. El consumo ocupa un lugar muy importante en la existencia humana, procura satisfacciones, pero es evidente que no da la felicidad, aunque sí el placer.

  • Esto me trae a la memoria Les coses (Las cosas), aquel relato de Georges Perec en el que somos testigos de la vida de una joven pareja, para quien la felicidad es algo inaccesible –está unida a las cosas que adquieren, está al servicio de las cosas-. ¿NO seguimos igual?

  • Perec escribió ese libro hace cuarenta años, y desde entonces las cosas han cambiado. Efectivamente, hay para quien esto es así; otros buscan saciar su exigencia de comunicación, hablando, haciendo el amor… No estamos ante cosas, sino ante otra realidad.   Asistimos, además, a la relación con el trabajo.

Carmen Aguilera:

  • Los factores que los españoles consideran importantes para lograr la felicidad. Son, por este orden, tener salud, contar con una familia, disfrutar de seguridad material, estar en paz con uno mismo, mantener buenas relaciones personales y sentirse libre.

  • El retrato de una persona feliz: disfruta de buena salud, tiene cubiertas sus necesidades básicas, realiza un trabajo que le gusta, se siente valorada en lo que hace, da y recibe afecto, se preocupa por el bienestar de los otros, ve las cosas de manera positiva y vive en un país donde se protegen sus derechos.

Carlos Saura:

  • Dice usted que la felicidad no existe…

  • Es un instante. Tiene más interés no ser tan feliz, pero que dure más la sensación de felicidad… Lo importante es el equilibrio; que te guste lo que haces, lo que te da de comer, tener una familia agradable…, eso es más importante que la felicidad. El equilibrio.

  • ¿Está usted en el equilibrio?

  • Estoy en un equilibrio desequilibrado.

 

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