La acción nacida del miedo

 

Acción nacida del miedo El anhelo, y cualquier experiencia que nazca de él, constituyen el proceso autónomo del ‘yo’ [imagen falsa que tenemos de nosotros].  Este proceso con sus deseos y tendencias engendra temor, y de éste emana la aceptación de la seguridad y el consuelo que la autoridad nos ofrece.  La autoridad de lo externo tiene su origen en el temor, el cual hace que la mente-corazón acepte la compulsión de las opiniones, ya sean del prójimo o las del dirigente, y las afirmaciones de la creencia organizada llamada religión, con sus sistemas y dogmas.  Estas afirmaciones y creencias entran a formar parte de nuestro ser y, conscientemente o de otra manera, nuestros pensamientos y acciones se ajustan al patrón establecido por la autoridad.  Así, a causa del anhelo, del deseo, se engendra el temor, y de éste surge la búsqueda de consuelo y seguridad, búsqueda que se fundamenta en la autoridad de lo externo, la autoridad del ideal y de la experiencia.  Esta autoridad, en sus distintas formas, mantiene el proceso del ‘yo’, el cual está basado en el temor.  Consideren sus pensamientos y actividades y su sistema de moralidad, y verán que se basan en el miedo autodefensivo y en sus sutiles y confortadoras autoridades.  Así que la acción nacida del temor siempre se está limitando a sí misma y, de ese modo, el proceso del ‘yo’ se sustenta mediante sus propias actividades volitivas (14).

El anhelo de seguridad genera miedo, y este miedo les somete a la opresión de la autoridad; el miedo les dicta no la manera como deben pensar, sino qué deben pensar.  Sólo liberándonos del miedo descubrimos lo real (15).

La incertidumbre y el miedo buscan una guía y exigen obediencia y culto a la autoridad; la tradición, la educación, crean para nosotros muchos patrones de obediencia (15).

Nuestras mentes se hallan atrapadas en la red de las creencias organizadas con su sistema de autoridades, sacerdotes y gurúes, todo lo cual es engendrado por el miedo y por el deseo de certidumbre; y, como estamos atrapados en esa red, es obvio que no podemos limitarnos a aceptar.  Debemos investigar, mirar las cosas y experimentar de manera directa, ver en qué estamos atrapados y por qué lo estamos (16).

La mayoría de nosotros aceptamos la autoridad, autoridad que seguimos por miedo a estar solos, por miedo de mantenernos sobre nuestros propios pies, sin esperar que nadie nos indique cómo vivir, cómo conducirnos o tener claridad interna (38).

¿Puedo rechazar toda autoridad?  Si puedo, significa que ya no tengo temor.  Cuando usted rechaza algo falso, cuando arroja de sí un peso de cualquier clase, usted tiene más energía.  Tiene más capacidad, más empuje, mayor intensidad y vitalidad.  Si no siente esto, entonces usted no ha arrojado, no ha descartado el peso muerto de la autoridad.  Pero cuando usted lo ha desechado, y tiene esa energía en la cual ya no hay temor en absoluto -temor de cometer un error, temor de hacer lo correcto o no- entonces ¿no es esa energía misma la mutación?  Necesitamos una tremenda cantidad de energía, y la disipamos con el temor (44).