El cerebro recupera viejos recuerdos traumáticos a través de nuevas vías

 

RecuerdosLas personas con trastornos de ansiedad, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), a menudo experimentan un prolongado y exagerado temor. Ahora, un estudio en animales sugiere que esto podría implicar la interrupción de un cambio gradual de los circuitos del cerebro para recuperar recuerdos del miedo. Los investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) estadounidenses han descubierto en ratas que un viejo recuerdo del miedo vuelve a través de una vía cerebral distinta de la que originalmente se emplea para recordar cuando está reciente.

Después de condicionar a ratas a temer un tono asociado con una leve conmoción, la conducta que manifestaron se mantuvo sin cambios en el tiempo, pero la vía dedicada a recordar el evento traumático se desvió, tal vez aumentando su poder de permanencia. “Mientras que nuestros recuerdos son constantes a través del tiempo, las vías nerviosas que los sustentan, en realidad, cambian con el tiempo”, explica Gregory Quirk, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico, en San Juan, quien informa de sus hallazgos en una artículo que se publica este lunes en ‘Nature’.

“Descubrir nuevos caminos para viejos recuerdos podría cambiar la visión de los científicos sobre el trastorno de estrés post-traumático, en el que los acontecimientos terribles ocurren meses o años antes de que aparezcan los síntomas”, añade este experto, que investiga con el respaldo del Instituto Nacional Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés) de los NIH. Inmediatamente después del condicionamiento del miedo en las ratas, un circuito que va desde la corteza prefrontal, el centro ejecutivo, a parte de la amígdala, el centro del miedo, se dedicó a recuperar los recuerdos. Sin embargo, varios días después, los autores descubrieron que la recuperación había emigrado a un circuito diferente, de la corteza prefrontal a un área en el tálamo, llamada región periventricular (PVT), que, a su vez, se comunica con una parte central diferente de la amígdala que orquesta el aprendizaje y la expresión del miedo.

El equipo Quirk y su colega Fabricio Do-Monte vio el movimento del recuerdo utilizando una técnica genética llamada optogenética, que puede activar o silenciar las vías específicas de forma separada de su funcionamiento. Los investigadores dicen que la PVT puede servir para integrar el miedo con otras respuestas de adaptación, como el estrés, fortaleciendo con ello el recuerdo del miedo. “En las personas con trastornos de ansiedad, cualquier alteración de la regulación dependiente del tiempo en los circuitos de recuperación podría empeorar las respuestas al miedo que se producen mucho después de un evento traumático”, sugiere Quirk.

En el mismo número de la revista ‘Nature’, los investigadores del ‘Cold Spring Harbor Laboratory’, en Nueva York, Bo Li y Mario Penzo, también con financiación del NIMH, y sus colegas revelan cómo funcionan en ratones los circuitos de recuerdo del miedo a largo plazo para traducir la detección de estrés en conductas adaptativas. Li y sus colegas descubrieron independientemente el mismo cambio en el circuito de recuperación de la memoria que se produce con el tiempo, después de condicionamiento del miedo en ratones. Usando una potentes métodos para cambiar experimentalmente vías de encendido y apagado, mostraron de manera concluyente que las neuronas originarias de la PVT regulan el procesamiento del miedo al actuar sobre una clase de neuronas que almacenan recuerdos de miedo en la zona central de la amígdala.

El equipo de Li trazó esta actividad en el PVT en la acción de un mensajero químico, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que previamente ha sido implicado en los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad. Por ejemplo, la expresión alterada de BDNF se ha relacionado con el TEPT. El BDNF del PVT, trabajando a través de un receptor específico, activa las neuronas de la amígdala que almacen los recuerdos. Simplemente, la infusión de BDNF en el área central de la amígdala hizo que ratones se paralizaran por el miedo, lo que sugiere que no sólo permite la formación de recuerdos de miedo, sino también la expresión de las respuestas al miedo.

¿Te imaginas poder borrar tus recuerdos negativos, tristes o desagradables? Hoy en día es posible, aunque las repercusiones de esta técnica pueden ser muy importantes.

La vida sería imposible si todo se recordase. El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse.  Roger Martin  du Gard

LA MEMORIA Y CÓMO ALMACENA EL CEREBRO NUESTROS RECUERDOS

La memoria es un proceso que nos permite almacenar y recuperar la información que procesamos en nuestro día a día. Es nuestro disco duro físico y de su buen funcionamiento dependerá en gran parte nuestra existencia.

De una forma general, cuando experimentamos algo se genera una conexión neuronal en nuestro cerebro y cuanto más se repite esa experiencia (o más traumática o dolorosa es), más conexiones se producen, afianzando el recuerdo en nuestro cerebro. Es como si estudiamos una materia y por cada repaso que damos se crean un puñado de cables que enlazan con ese recuerdo, de forma que cuanto más estudiamos más fácil es conseguir recuperar  el dato que necesitamos.

Así pues, dependiendo de las conexiones o sinapsis neuronales que se produzcan tendremos:

Memoria a corto plazo (pocas sinapsis=recuerdo fugaz). Nos sirve para tomar decisiones en un momento dado y para la resolución de problemas puntuales, por lo que también se le llama memoria operativa.

Memoria a medio y largo plazo (muchas sinapsis=recuerdo permanente). En ella se almacenan los recuerdos de las cosas que vivimos y aprendemos, constituyendo la base de datos de nuestra experiencia.

Los recuerdos son por tanto, la película que construimos con las imágenes y sensaciones que hemos ido almacenando en la memoria.

NUESTRO DISCO DURO DINÁMICO

Se estima que un cerebro humano puede almacenar hasta 10 Terabytes de información. Ya hemos hablado de que hay personas con capacidades de Genios tipo Savant, que ponen a funcionar su cerebro y son capaces de memorizar cantidades ingentes de datos.

No existen estructuras únicas dentro del cerebro para almacenar los datos, sino que están dispersas por distintas áreas que ya se conocen y que se están investigando, de forma que como vamos a ver, cortando o dañando  el cableado mediante ciertas sustancias se pueden eliminar ciertos recuerdos.

Además, el cerebro debilita ciertas conexiones con el paso del tiempo (produce olvidos) de forma que nuevos recuerdos pueden ser introducidos, por lo que el sistema no es estático sino dinámico. Esto nos ayuda a quedarnos con los datos que nos pueden ser útiles y enviar a la papelera de reciclaje aquellos que en principio no nos van a servir.

¿SE PUEDEN BORRAR LOS RECUERDOS INTENCIONADAMENTE?

A través de varios estudios científicos, se está logrando controlar y modular la forma en la que el cerebro recupera un recuerdo de nuestra memoria.

Existen dos momentos en que es muy “fácil” eliminar un recuerdo: cuando se está almacenando y cuando se está recuperando. Parece que el sistema de entrada y salida de datos es el más delicado o vulnerable de todo el sistema y el que es por tanto más fácil de hackear para producir el olvido.

Un ejemplo conocido de vulnerabilidad del proceso es el de las personas que sufren un accidente de tráfico y no recuerdan los minutos previos ni el mismo accidente. Podría ser un mecanismo cerebral de protección frente a un trauma, aunque más bien parece un fallo del sistema, como cuando se nos va la luz y perdemos los últimos datos que no hemos grabado en nuestro ordenador.

Otro ejemplo es cuando no nos acordamos de algo y lo tenemos en “la punta de la lengua”, porque no somos capaces de encontrar la conexión que recupera el recuerdo (y que alivio sentimos cuando somos capaces de hacer la conexión. Es en ese instante en el que se produce la conexión y accedemos al recuerdo cuando estamos en condiciones de eliminarlo.

¿CÓMO PODEMOS BORRAR DE NUESTRA MEMORIA UN RECUERDO CONCRETO?

Hasta ahora mediante  fármacos, se había conseguido debilitar las fuertes conexiones que se crean cuando se genera un recuerdo traumático, produciendo así un recuerdo menos doloroso. En el año 2002, un estudio demostró que el uso de Propanolol podía prevenir o reducir el estrés postraumático. Al tratar con este fármaco a un grupo de veteranos de la guerra de Vietnam, estos disminuyeron drásticamente los recuerdos dolororos que tenían de la guerra, permitiéndoles llevar una vida normal.

En investigaciones recientes lo último que se ha logrado es eliminar selectivamente un recuerdo, usando el ZIP, inhibidor selectivo de una enzima cerebral (la PKM zeta). Los científicos lo han conseguido atacando una de las dos zonas vulnerables: la de salida de datos.  El proceso consiste en evocar un determinado recuerdo y justo cuando este se encuentra en la recámara para ser arrojado, se inyecta el inhibidor y adiós conexión, adiós recuerdo.

(Nota del autor: se me ocurre (aunque no pienso probarlo) otra forma de borrar selectivamente recuerdos. Consistiría en  evocar uno y justo en el momento en que estemos accediendo al dato, eliminarlo mediante un fuerte impacto en la cabeza, de forma parecida a lo que ocurre en los accidentes de tráfico. ¿Has tenido alguna experiencia parecida? Supongo que con el tiempo, este impacto podría ser sustituido por impulsos magnéticos en zonas muy concretas del cerebro.)

APLICACIONES E IMPLICACIONES

Todos nos imaginamos las repercusiones positivas que este descubrimiento podría traer consigo. Podríamos eliminar de un plumazo los traumas psicológicos que las personas arrastramos durante muchísimo tiempo y que interfieren gravemente en nuestra vida. Incluso situaciones no traumáticas pero de gran carga emocional como son la pérdida de un ser querido o una ruptura sentimental.

Ahora veamos la parte negativa: ¿realmente necesitamos eliminar los malos recuerdos? Creo que no. Muchos de los recuerdos negativos que tenemos, nos hacen ser como somos y realmente no nos gustaría eliminarlos. Por otro lado, experiencias negativas nos ayudan a tomar decisiones en el futuro sobre cosas importantes y si las borrásemos de nuestro cerebro, perderíamos esa referencia. Además eliminar un recuerdo negativo nos hace vulnerables a que nos vuelva a pasar otra vez la situación que generó el recuerdo.

Por no hablar de las implicaciones políticas que podría generar. Ya se están frotando las manos ciertos servicios secretos con la idea (si no lo están haciendo ya) de poder borrar recuerdos a alguna persona para poder manipular y cambiar sus decisiones.

Personalmente pienso que solo debería ser usado para eliminar traumas incapacitantes, ya que el resto de recuerdos negativos nos definen como personas, nos sirven como referencia y nos ayudan en nuestra mejora contínua.

Además, es posible que la eliminación de recuerdos sirva de poco en el caso de sucesos traumáticos, ya que un reciente estudio de la Universidad de Iowa ha puesto de manifiesto que aunque se elimine un recuerdo, la emoción ligada a dicho recuerdo puede perdurar en el tiempo (sobre todo las emociones negativas). Si esto es así y no fuéramos capaces de eliminar también el sentimiento, nos quedaría una emoción negativa a la que no podríamos asociar a ningún recuerdo.

FUENTE: Ep.  Madrid.