Domingo, 22 de Octubre de 2017

Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar.  Calderón de la Barca.

La resignación es un suicidio cotidiano.  H. de Balzac.

No puede amar a otro el que a sí mismo no se ama, ni amarse a sí mismo el que no se conoce. Francisco de Quevedo.

Si usted quiere ser respetado, empiece por ser respetable. W. Somerset Maugham.

Gustarse a uno mismo es orgullo; gustar a los otros, vanidad. Paul Valéry.

Es un gran error creerse más de lo que se es, o menos de lo que se vale.  Goethe.

… ese tedio siempre dispuesto a ocupar de inmediato el lugar que deje vacante cualquiera de los otros males. Arthur Schopenhauer.

La genialidad consiste en la objetividad del intelecto. Arthur Schopenhauer.

El tiempo es el horizonte dentro del cual toda realidad adquiere sentido .M. Heidegger.

El hombre que confía en el tiempo [el tiempo no cambia nada, eres tú el que tiene que hacer la tarea, el esfuerzo] como medio para conseguir su felicidad, vive en la ignorancia y, por tanto, en el conflicto. Jiddu Krishnamurti.

La educación es al hombre lo que el molde al barro: le da la forma. Jaime Balmés.

La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu. Mateo Alemán.

Envidiar es tonto porque nadie es realmente digno de envidia. Arthur Schopenhauer.

El sexo es como el software: es mucho mejor cuando es libre y gratis. Linus Torvalds.

Anhelo un futuro en el que no existan ni los espejos ni la cópula. Ambos son odiosos, porque multiplican a las personas. Jorge Luis Borges.

El hombre habrá alcanzado un grado óptimo de evolución cuando aprenda a hacer gozar de verdad a una mujer. Catherine Breillat.

El cerebro es la máquina más sofisticada que existe, y nos la entregan sin manual de instrucciones Mafalda, personaje de cómic creado por el dibujante argentino Quino.

El cerebro es el sitio del alma cuya proveedora es la memoria y su mensajera la sensibilidad. Leonardo da Vinci.

Los sabios rara vez hablan, y los que hablan rara vez son sabios. Lyn Yutang.

La felicidad en la gente inteligente es de lo más raro. Ernest Hemingway.

Cada vez que aprendo algo nuevo, algo que ya sabía se borra de mi cerebro. Arthur Conan Doyle.

Cualquiera puede ser escultor de su propio cerebro. Santiago Ramón y Cajal.

Si el cerebro humano fuera tan simple que pudiéramos entenderlo, entonces seríamos tan simples que no podríamos entenderlo. Anónimo.

La ventaja de ser una rareza es que te hace más fuerte. De la serie House.

Virtud: abstenerse de la necesidad como medio de rectificación  moral.  Diógenes.

QUEDARSE EN BLANCO. Cuando la mente está en blanco, su propósito es dar un sentido de coherencia al pasado y al presente, lo que nos permite tomar decisiones eficaces en nuestro futuro. Neil Mcrae.

Cada vez que se pone a pensar, el hombre agrega a cualquier sensación otra nueva sensación [que produce su diálogo interno].  Novalis.

Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y les faltan al respeto a sus maestros. William L. Patty y Louise S. Johnson.

… he hablado de ‘disfrute’ de los aspectos superiores que ofrece la vida; pero ello requiere las aptitudes y capacidades para gozar realmente de ellos. No basta que estén ‘ahí’; hace falta que estén ‘dentro’ de cada uno, que puedan ser poseídos, asimilados, efectivamente vividos. Enorme número de personas llega a ese mundo complejo sin preparación –la educación en su sentido más amplio y general se está simplificando, cada vez se acepta más el desconocimiento de lo más elemental para llegar a los niveles más altos, se puede aprobar un doctorado universitario con ignorancias que no hubiesen permitido pasar el examen de ingreso en bachillerato a los diez años-., como todo se acelera, ni siquiera se dispone de tiempo, necesario para la maduración personal; por eso habla de improvisación, en el sentido más literal del término. Julián Marías.
Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado.

Antonio Machado

CARLOS CASTANEDA:

  • El brujo [el chamán], consciente de la necesidad de ahorrar energía, se acecha [se observa] a sí mismo para descubrir las actividades que gastan energía y eliminarlas. Los antiguos chamanes descubrieron que lo que más energía consume es el mantenimiento constante de la importancia personal, o si se quiere: el ego.

  • Para ahorrar energía es por tanto imperativo ser impecable. La impecabilidad para los chamanes no es una cuestión de moralidad como sí lo es para los monoteístas, ya sean cristianos, musulmanes o judíos. Para los brujos, la impecabilidad es una cuestión de eficiencia energética.

  • Por ello, la desestructuración del ego o reducción de la importancia personal es el principal objetivo del arte del acecho, y se consigue mediante la práctica del camino del guerrero. Dicha práctica consta de cuatro virtudes a desarrollar: la simpatía, la paciencia, la astucia y la falta de compasión. Esta última es, en realidad, falta de compasión hacia uno mismo, o no tenerse lástima, porque solo si se tiene importancia personal puede uno tenerse lástima. Por otro lado, el ser despiadado no implica ser cruel, el ser simpático no implica ser estúpido y el ser paciente no implica no hacer nada. La desestructuración del ego es algo común a todas las religiones antiguas. Sabiendo que lo único seguro es la muerte, el guerrero es fluido, adaptable a todo cambio. Y como no posee nada, ni siquiera sentimientos o deseos, nada se le puede quitar, por lo que se convierte en un ser invencible y lleno de energía que puede aplicar a la tarea que decida.

  • El guerrero sabe que todo lo que pueda conocer en el mundo convencional es efímero, y que cuando emprenda el viaje tendrá que abandonarlo todo, por lo que no se apega a nada. Es una unidad autónoma de combate psicológico: no necesita nunca de nadie ni de nada.

SÓCRATES:

  • ¿Qué hombre veis que sea más libre que yo, que no recibo de nadie regalos ni salario?

  • ¿A quién podríais considerar razonablemente más justo que a un hombre que está acomodado a lo que tiene y que no necesita ningún bien ajeno?

  • Y en cuanto a sabio, ¿cómo se podría con razón negar que lo es un hombre como yo, que desde que empecé a comprender lo que se decía nunca dejé, en la medida de mis posibilidades, de investigar y aprender todo lo bueno que pude?

  • Sé que también testimoniarán en mi favor el futuro y el pasado, haciendo ver que jamás hice daño a nadie ni volví peor a ninguna persona, sino que hacía el bien a los que conversaban conmigo, enseñándoles gratis todo lo bueno que podía.

  • ¿Acaso no sabéis hace mucho tiempo que desde que nací estaba condenado a muerte por la naturaleza?

  • Calias, le dije, si tus dos hijos fueran potros o becerros, tendríamos que tomar un cuidador de ellos y pagarle; éste debería hacerlos aptos y buenos en la condición natural que les es propia, y sería un conocedor de los caballos o un agricultor. Pero, puesto que son hombres, ¿qué cuidador tienes la intención de tomar? ¿Quién es conocedor de esta clase de perfección, de la humana y política?

  • Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero este hombre cree saber algo y no lo sabe, en cambio yo, así como, en efecto, no sé, tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy más sabio que él en esta misma pequeñez, en que lo que no sé tampoco creo saberlo.

  • Quizá alguien diga: ¿No te da vergüenza, Sócrates, haberte dedicado a una ocupación tal por la que ahora corres peligro de morir? A éste yo, a mi vez, le diría unas palabras justas: No tienes razón, amigo, si crees que un hombre que sea de algún provecho ha de tener en cuenta el riesgo de vivir o morir, sino el examinar solamente, al obrar, si hace cosas justas o injustas y actos propios de un hombre bueno o de un hombre malo.

  • «En efecto, atenienses, temer la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes para el hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males. Sin embargo, ¿cómo no va a ser la más reprochable ignorancia la de creer saber lo que no se sabe?

  • Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy a obedecer al dios más que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejaré de filosofar, de exhortaros y de hacer manifestaciones al que de vosotros voy encontrando, diciéndole lo que acostumbro: Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?

  • Voy por todas partes sin hacer otra cosa que intentar persuadiros, a jóvenes y viejos, a no ocuparos ni de los cuerpos ni de los bienes antes que del alma ni, con tanto afán, a fin de que ésta sea lo mejor posible, diciéndoos: No sale de las riquezas la virtud para los hombres, sino de la virtud, las riquezas y todos los otros bienes, tanto los privados como los públicos.

  • No parece humano que yo tenga descuidados todos mis asuntos y que, durante tantos años, soporte que mis bienes familiares estén en abandono, y, en cambio, esté siempre ocupándome de lo vuestro, acercándome a cada uno privadamente, como un padre o un hermano mayor, intentando convencerle de que se preocupe por la virtud.

FRASES DEL MUNDO DEL CINE:

Tocar música tendría que ser divertido. Sale del corazón. Se trata de los sentimientos, de emocionar a la gente, y de algo hermoso como estar vivo, y no solo unas cuantas notas en una página. Yo puedo enseñarte esas notas, pero no puedo enseñarte todo lo demás. Profesor Holland, 1995.

No creo en el pesimismo. Si algo no te sale bien, continúa hacia adelante. Si piensas que puede llover, lloverá. Clint Eastwood.

Ámate a ti mismo primero y todo lo demás llegará por sí solo. Lucille Ball.

Si no puedes reírte de ti mismo, la vida te va a parecer mucho más larga de lo que te gustaría. Garden State, 2004.

Las flores de verdad florecen en tierra salvaje. La casa de las dagas Voladoras, 2004.

Seamos felices mientras somos felices. Fanny y Alexander, 1982.

Pienso que es mejor dedicarle mi vida a los demás que a un gnomo de jardín.  Amelie, 2001.

La belleza te hace interesante solo durante cinco minutos. Monica Bellucci.

No conozco la clave del éxito, pero la clave del fracaso es tratar de quedar bien con todos. Bill Cosby.

La indignación moral es, en la mayoría de los casos, un dos por ciento de moral, un cuarenta y ocho por ciento, indignación, y un cincuenta por ciento, envidia. Vittorio de Sica.

 

– ¿Qué día es?, preguntó Pooh.
– Es hoy, respondió Piglet.
– Mi día favorito, dijo Pooh.

Winnie the Pooh.

 

-Querida Suzy, éste es mi plan…
-Querido Sam, mi respuesta es sí.
-Querida Suzy, ¿cuándo?
-Querido Sam, ¿dónde?

Moonrise Kingdom, 2012.

 

-Algún día usted y yo deberíamos hablar.
-Sí, y será más sencillo de lo que cree.
-Nada es sencillo. Soy maestra de ballet y nada es sencillo.

Hable con ella, 2002.

 

-Pues yo creo en los milagros. Y tú deberías creer también.
-¿Por qué yo?
-Estás muy necesitada de ellos. Y a lo mejor te ocurre uno y como no crees en ellos, pues no te das ni cuenta.

Hable con ella, 2002.

 SABIDURÍA:

Nunca la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otra. Juvenal.

El conocimiento duerme y ronca en las bibliotecas, pero la sabiduría está en todas partes, bien despierta, alerta. Josh Billings.

Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias. Leonardo Da Vinci.

Los débiles tiemblan ante la opinión, los tontos la desafían, los sabios la juzgan, los expertos la dirigen. M. J. R. de La Platerie.

Prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría. Anatole France.

Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños. Khalil Gibran.

No hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio. Konrad Adenauer.

Donde hay ancianos sed sabios de palabras. Eclesiastés.

La sabiduría es un tesoro que nunca causa entorpecimientos. Jean de la Fontaine.

Muchas palabras nunca indican sabiduría. Tales de Mileto.

La sabiduría es la meta del inteligente; el necio no tiene meta fija. La Biblia.

La sabiduría de los sabios y la experiencia de los siglos pueden ser conservadas con las citas. Disraeli.

El español siempre sabe todo. Y si de algo no sabe nada, dice: De esto hablaremos más adelante. José Luis Aranguren.

En primer lugar acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de este invento de que no saber nada es un signo de sabiduría. Isaac Asimov.

Los sabios dicen proverbios. Los tontos los repiten. Samuel Palmer.

Es tan vana la esperanza de que se llegará sin trabajo y sin molestia a la posesión del saber y la experiencia, cuya unión produce la sabiduría, como contar con una cosecha sin haber sembrado ningún grano. Benjamin Franklin.

El mar es tan profundo en la calma como en la tempestad. John Donne.

Un solo rayo de sol es suficiente para borrar millones de sombras. San Francisco de Asís.

Quien tiene el saber tiene el poder. David Hume.

Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir. Johann Kaspar Lavater.

La sabiduría de este mundo es la madre y raíz de todos los males. Erasmo de Rotterdam.

La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche. San Agustín.

Si el necio persistiera en su estupidez se convertiría en sabio.  W. Blake

En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber. W. Shakespeare.

Las puertas de la sabiduría nunca están cerradas. Benjamin Franklin.

La ira se halla también en otros animales; la sabiduría, sólo en el hombre. Pitágoras.

Sófocles:

  • Los que creen que sólo ellos poseen la sabiduría, la elocuencia y el valor que no tienen los demás, esos, al ser examinados, se encuentran vacíos.

  • Porque el hombre por sabio que uno sea, no le es vergonzoso el aprender muchas veces, ni tampoco el no resistir más allá de lo razonable.

 

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