15 de Noviembre de 2015

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Una persona feliz no es una persona en determinadas circunstancias, sino una persona con determinadas actitudes. Hugh Downs.

Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario. Elbert Green Hubbard.

Una buena vida es aquella inspirada por el amor y guiada por la inteligencia. B. Russell.

Un viejo insoportable es lo que queda de alguien que se hizo viejo soportando a los que ahora no lo pueden soportar. Mario Sarmiento V.

Vida: Breve período que se divide en dos partes; durante la primera se desea que venga la segunda, y durante la segunda se desea que vuelva la primera. Lina Furlan.

Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe. Jorge Luis Borges.

Un hombre no aprende a comprender nada a no ser que lo ame. Johann Wolfgang von Goethe.

Un mal pequeño es un gran bien. Proverbio Griego.

Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad. Simón Bolívar.

Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho. Henry Wadsonrth Longfellow.

No tarda nueve meses sino sesenta años en formarse un hombre. André Malraux.

No has hecho bien en publicar tus libros de doctrina oral; pues, ¿en qué aventajamos a otros ahora, si las cosas en las que hemos sido particularmente instruidos se revelan a todos?. Alejandro Magno.

Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje. Michel de Montaigne.

Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora. Siddharta Gautama.

Si los hombres solo pudieran conocerse uno al otro, nunca se idolatrarían u odiarían entre ellos. Elbert Hubbard.

Todos los caminos de bondad conducen a la iluminación y al despertar. Siddharta Gautama.

Lo que la razón teje, por pasión se deshace. Alexander Pope.

La religión de todos los hombres debe ser la de creer en sí mismos. Jiddu Krishnamurti.

En Egipto se llamaba a las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás. Bossuet.

 

 

 

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